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En solo cuatro años el Partido Popular de Menorca ha pasado de disfrutar de una hegemonía casi absoluta a cosechar su peor resultado en democracia. Un descalabro que se une al auge de las nuevas candidaturas de unidad popular. Més per Menorca y Podemos impulsan un giro a la izquierda que, sin embargo, no beneficia al PSOE, que empeora incluso los resultados de 2011.

Los populares bajan de 8 a 5 escaños en el Consell y pierden seis mil votos mientras en los ayuntamientos se dejan por el camino catorce concejales. Pese a ganar las elecciones no logran la mayoría necesaria para mantener el Govern, el Consell de Menorca ni el Ayuntamiento de Maó.

En Ciutadella la gran sorpresa tiene un nombre: Joana Gomila. La candidata del PSM se ha convertido en la candidata más votada en un vuelco sin precedentes en la ciudad de Ponent. Ha recogido los frutos del voto de castigo a un PP sumergido en la crisis interna desde la dimisión del alcalde José María de Sintas.

Ara Maó irrumpe de forma espectacular y supera en número de votos la candidatura del PSOE. Águeda Reynés asume que no volverá a gobernar tras el histórico resultado que la aupó a la alcaldía hace cuatro años.

José Ramón Bauzá y Santiago Tadeo han sufrido en sus carnes el mismo correctivo, si cabe aumentado, que los electores han propinado a las candidaturas del PP en toda España. En Menorca solo podrán gobernar con mayoría absoluta en Alaior. Necesitarán pactar con el PI para seguir en Es Castell y Sant Lluís. Pierden Maó, Ciutadella y Ferreries. 

Los socialistas menorquines no solo no se recuperan del castigo de 2011 sino que agravan su caída. No obstante, logran superar por la mínima a Més y se mantienen como la segunda fuerza política en el Consell. Solo sus dos alcaldes, Pere Moll en Es Migjorn y Francesc Ametller en Es Mercadal, salvan los muebles, aunque este último se queda a un concejal de la mayoría absoluta.

El hundimiento del PP y la fragmentación de la izquierda abren la puerta a un escenario postelectoral marcado por la necesidad de alcanzar pactos de gobierno. Pero, a diferencia de lo vivido hasta ahora, el PSOE se tendrá que relacionar de tú a tú con el resto de fuerzas progresistas y deberá a estar dispuesto a negociar presidencias.

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