Sin techo. Hay personas que sobreviven en la intemperie, en cuevas, edificios abandonados o cocheras, en una situación de desamparo - caritas

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A pesar de que en la Isla la indigencia en la calle es prácticamente inexistente, hay personas que se encuentran solas, no tienen trabajo y sobreviven sin un hogar. Es el perfil del usuario que atienden las dos casas de acogida de Caritas en la Isla.

La mayoría de las personas sin techo son hombres de entre 25 y 45 años, de baja cualificación profesional, sin un entorno familiar, procedentes de fuera de la Isla, que han llegado en busca de trabajo, que no tienen casa y que han agotado los recursos.

Por lo general, hay tres situaciones por las que los usuarios precisan de los servicios de la casa de acogida. Por un lado, están las personas que es la primera vez que llegan a la Isla y son alojadas de forma temporal hasta que se integran en la sociedad. Otros casos son los que acuden a Caritas porque se han quedado sin alojamiento. Luego están los que no es la primera vez que acuden a la casa de acogida, conocen el recurso y lo utilizan por necesidad. Es habitual que el usuario esté solo, con una ruptura con la familia y sin apoyo del entorno más cercano.

Según los datos de Caritas, hay usuarios que viven en el espacio público o en la calle; personas que han agotado el alojamiento ofrecido por amigos o conocidos; usuarios que son dados de alta de centros como un hospital, pisos tutelados o la prisión, entre otros; o personas que viven en lugares de nula habitabilidad, como cuevas, edificios abandonados, cocheras o casetas de hortales.

También la estación climática incide en la demanda del servicio: no es lo mismo sobrevivir en la intemperie en verano que en invierno con la llegada del frío y la lluvia. Los usuarios del servicio tienen una situación laboral muy precaria: son parados de larga duración, trabajadores de temporada o con contratos muy cortos. En este sentido, la mayoría ha agotado toda prestación económica.

Según las estadísticas de Caritas, se detecta un aumento de las personas en situación de salud física y mental deteriorada, en muchos casos sin diagnosticar, como también adictos en activo o en proceso de deshabituación. Asimismo, se registra un incremento de las personas separadas o divorciadas con la consiguiente ruptura de las relaciones familiares.

El usuario de las casas de acogida de Caritas en Maó y Ciutadella tiene derecho a cama, ducha, cena, desayuno y comida de forma gratuita, además del servicio de lavandería y el asesoramiento sociolaboral de los técnicos del organismo dependiente de la Diócesis.

Según explica Ana García, trabajadora social de Caritas en Ciutadella, la ley obliga a las poblaciones de más de 20.000 habitantes a disponer de una casa de acogida. En el caso de la Isla, funcionan gestionadas por Caritas y financiadas por los ayuntamientos de Ciutadella y Maó y el Consell. El uso de la casa de acogida es temporal, con una estancia media que en los últimos tiempos, a consecuencia de la crisis se ha alargado, y que es de un mes. Durante el periodo de alojamiento, los técnicos de Caritas asesoran a los usuarios para encaminar su futuro, para que encuentren un trabajo y un techo estable. Depende de la voluntad e implicación de cada beneficiario a la hora de mejorar su situación.

Hay que señalar que en una casa de acogida no se admiten personas mayores de 65 años, menores o personas con drogodependencias y alcoholismo, debido a que existen otros recursos sociales específicos para estos casos. El número de usuarios ha descendido, según Caritas, por el hecho de que la crisis disuade la llegada de personas a la Isla en busca de trabajo por el elevado coste del transporte.

La estancia temporal en las casas de acogida finaliza cuando se cumple el periodo máximo permitido, aunque el usuario también puede dejar las instalaciones por haber encontrado un trabajo, un alojamiento, porque ha sido expulsado por no cumplir con las normas internas o porque se marcha de la Isla.