familia. La menorquina junto a su marido y sus dos hijos, Marc y Martí - C.G

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La trayectoria personal de Cristina Gomila Torres (Maó, 1973) está íntimamente ligada a su evolución profesional. Tras doctorarse en Francia, donde conoció a su marido, ambos iniciaron una nueva vida en EEUU. La búsqueda de nuevas experiencias laborales les condujo hasta el centro de investigación puesto en marcha por Thomson/Technicolor en Princeton (Nueva Jersey), donde residieron durante ocho años. Fue allí donde nacieron sus dos hijos, Marc y Martí. No obstante, la decisión de la compañía de cerrar las puertas del centro les llevó el verano pasado hasta Rennes, en la Bretaña francesa, donde la menorquina dirige el Technicolor Rennes Research & Innovation.

Su primera experiencia en el extranjero fue en Mar de Plata, ¿cómo surgió la posibilidad de viajar hasta Argentina?
Cuando estudiaba cuarto año de carrera decidí solicitar una beca Intercampus para pasar un verano en la Escuela de Ingeniería de Mar del Plata. Así fue como el verano de 1996 viajé hasta Argentina. Una vez allí me uní a un grupo de 18 estudiantes españoles asignados a diferentes universidades de la ciudad y la verdad es que todo el mundo nos acogió con mucho cariño: querían saber de España pero, sobre todo, querían también contar su historia. Por entonces, internet daba sus primeros pasos y el libre acceso a la información era escaso. El intercambio cultural fue muy valioso y la experiencia me marcó enormemente. De repente me daba la sensación de que el mundo no tenía barreras.

¿Por eso decidió marcharse a Francia tras finalizar sus estudios?
Sí. Al acabar los estudios acepté una beca para cursar el doctorado en Francia. Me fui a finales de 1997 con dos maletas y sabiendo decir sólo "bonjour". Pasé cuatro años inolvidables en el Centro de Morfología Matemática de la Ecole Superieure des Mines de Paris. El centro de investigación se encuentra en Fontainebleau, una ciudad pequeña y encantadora a una hora de París.

¿Con qué se encontró allí?
Encontré una ciudad pequeña pero repleta de historia. Me sentí a gusto en el ambiente aunque me sorprendió un frío de finales de noviembre que nunca olvidaré. Por esos tiempos yo sólo había vivido en Menorca y Barcelona, y la verdad es que el clima Mediterráneo es un auténtico lujo.

Llegó a Fontainebleau sin conocer el idioma ¿Lo aprendió con facilidad?
En el centro de investigación tuve la suerte de coincidir con Xisca, una estudiante mallorquina con la que entablé una fuerte amistad. Me adapté rápido porque la inmersión fue completa. El idioma no debería nunca ser una barrera para visitar y descubrir nuevos lugares, al final siempre te apañas. Descubrir una cultura y costumbres distintas crea todo tipo de anécdotas. Sufrí con la burocracia francesa pero me encantó descubrir el aspecto "gourmand" de su cocina.

En el país galo comenzó su interés por la investigación, ¿en qué campo se especializó?
Realicé el doctorado en el campo del tratamiento digital de la imagen pero, desde mi punto de vista, lo más valioso de un doctorado no es la especialización sino la experiencia que te aporta. Es una etapa en la que maduras desde un punto de vista profesional: aprendes a plantear las buenas preguntas y adquieres metodología de trabajo y capacidad de decisión. Paulatinamente me integré en la comunidad de investigadores y colaboré en proyectos europeos.

¿Qué tipo de proyectos?
Mi doctorado se realizó en el marco del proyecto a nivel europeo "MPEG-4 encoding and decoding for mobile communications", cuyo objetivo era demostrar la viabilidad de la videoconferencia en teléfonos móviles. Tuvimos que solventar numerosos retos dado que la complejidad de cálculo de los algoritmos debía mantenerse baja para no agotar las baterías de un teléfono móvil. El consorcio incluía a empresas como Thomson, Bosch, Siemens, Philips, HHI y un conjunto amplio de universidades.

Su estancia en Francia supuso también un giro en su vida a nivel personal, ¿no es así?
Sí. Allí comencé mi relación con Joan Llach, que hoy es mi marido. Él es catalán y se encontraba en Francia completando su doctorado gracias a una beca de Philips. Nos conocíamos de la universidad pero fue el hecho de encontrarnos más tarde alejados de nuestro entorno lo que nos acercó y acabó siendo el inicio de una historia feliz.

Una historia compartida que les llevó hasta EEUU...
Sí. Justo después de acabar el doctorado consideramos que era el momento idóneo para adquirir experiencia en EEUU. Si te estableces en tu ciudad o país de origen, luego es muy difícil moverse. Así que en 2002 nos fuimos con el objetivo de ir a pasar un par de años y luego volver a España.

¿Se marcharon con un trabajo asegurado?
Sí. Para ir a EEUU primero tienes que encontrar trabajo y obtener un visado de inmigrante. En el campo técnico tienes que competir con candidatos de altísimo nivel de países asiáticos, mayoritariamente de China e India, que buscan inmigrar de forma permanente a EEUU. Cuando nos fuimos yo había conseguido trabajo en Thomson/Technicolor y Joan me siguió con el objetivo de acabar su tesis a distancia. Eso tuvo mucho mérito. La verdad es que buscar trabajo, en cualquier país, es algo que debes tomarte muy en serio. La preparación de tu candidatura es esencial y el resultado depende en gran parte de ello. Mi proceso de contratación fue complicado dado que coincidió con el post 9-11. No pude viajar a EEUU y tuve que pasar la mayoría de las entrevistas por teléfono. Eso no fue nada fácil, pero salió bien. Joan se unió a Thomson un año después, al acabar su doctorado.

¿En que zona del país se instalaron?
Nos instalamos en Princeton, en Nueva Jersey. La empresa había creado un nuevo centro de investigación allí y la oportunidad de integrarnos en un centro joven nos atrajo muchísimo. Princeton es una ciudad pequeña en la costa este a dos horas de Nueva York conocida principalmente gracias a la famosa universidad de Princeton, que contó con la presencia de Albert Einstein entre su personal científico y tiene el prestigio de haber formado a varios premios Nobel. El entorno social es muy agradable y el nivel de vida muy alto.

¿Guarda buenos recuerdos de su etapa allí?
Sí. Sólo tengo buenos recuerdos de nuestra estancia en Princeton. La zona ofrece un entorno natural precioso con cercanía a dos grandes ciudades como son Nueva York y Filadelfia. Los mitos americanos de película pasan a formar parte de tu día a día. Todo tiene dimensiones exageradas y te puedes reír simplemente ante el tamaño de una bola de helado. Es una sociedad muy consumista, a veces impersonal, pero la riqueza multicultural en las zonas cosmopolitas es extraordinaria. Aprovechamos los primeros años para viajar por EEUU en pequeñas escapadas y luego nos decidimos por la vida de familia y tuvimos dos hijos, que nacieron en Princeton.

Supongo que a nivel profesional, su estancia en EEUU también fue muy productiva...
Sí. EEUU ofrece un entorno profesional único. Cuenta con un altísimo nivel técnico gracias a la inmigración de estudiantes de países asiáticos e incluso europeos y también cuenta con un sólido tejido industrial. Es un entorno de trabajo dinámico y que ofrece numerosas oportunidades para formarte y valorizarte. En mi caso, supuso un avance importante en mi carrera. Tuve la oportunidad de trabajar intensamente con los estudios cinematográficos de Hollywood y de contribuir al lanzamiento del Blu-ray y recientemente del Blu-ray 3D.

¿Hollywood? ¡Qué "glamour"!
Technicolor da servicios de post-producción y distribución a los estudios cinematográficos de Hollywood. Nuestro trabajo consiste en asistirles en la transición a nuevas tecnologías. La verdad es que es un mundo lleno de glamour y extravagancias. Trabajé de cerca con gente de Warner, Disney y DreamWorks y tengo que reconocer que al principio, cuando entras en sus instalaciones, el mito de película te envuelve. En 2008 tuve el placer de asistir a la ceremonia de entrega de los Emmy Awards, que se entregan en Hollywood en reconocimiento a avances tecnológicos que han impactado en el mundo de la televisión.

¡¿Obtuvieron un Emmy?!
Sí, el equipo de Thomson ganó un Emmy en reconocimiento por el trabajo realizado en el proceso de estandarización de la norma de video AVC que hizo posible por primera vez que el video de alta calidad pudiese ser transmitido y reproducido en terminales móviles abriendo nuevos mercados para la distribución de contenido audiovisual. Fue una experiencia muy bonita que me gustaría dedicar a mi madre, Josefina Torres, que murió sólo dos meses después.

¿Cómo se desarrolló el proceso del lanzamiento del Blu-ray?
Con la introducción de la Alta Definición, dos nuevos formatos de disco de gran capacidad (HD-DVD y Blu-ray) compitieron para reemplazar al DVD en el mercado de distribución de películas. Entre productores y fabricantes se vivieron batallas estratégicas de gran envergadura ya que históricamente es sabido que sólo una solución es adoptada por el mercado. En ese periodo, Technicolor se apoyo en los equipos de R&D para aconsejar y asistir a los estudios en la selección de formato. Posteriormente fuimos nosotros también quienes realizamos la codificación de los primeros títulos ya que ninguna cadena de producción estaba preparada para el lanzamiento del formato. Las especificaciones acababan de aprobarse y, al principio, nada funcionaba como debía y lo peor es que ya se había anunciado el día en que saldrían las películas al mercado. ¡Fue estresante pero también muy divertido!. Se hizo un trabajo de altísima calidad e incluso recibimos una dedicación exclusiva de Andrew Davis, el productor de la película "The Guardian".

¿Qué mejoras incorpora el Blu-ray 3D?
Como resultado del éxito del cine en 3D, donde las escenas son vistas en profundidad de una manera mucho más realista, el 3D llegará también a los hogares con nuevos canales de televisión 3D y de manera mucho más inmediata con el Blu-ray 3D. Desde un punto de vista tecnológico, en Blu-ray 3D cada fotograma tiene dos vistas (una para el ojo izquierdo y una para el ojo derecho) para poder dar sensación estereoscópica de profundidad. En España los televisores 3D ya están en el mercado así como los reproductores de Blu-ray 3D y algunos discos de lanzamiento. Cualquiera que compre los nuevos productos ya puede ver películas 3D en casa.

Tras ocho años intensos en EEUU, regresaron a Europa...
Sí. El verano de 2009 Technicolor decidió cerrar el centro de investigación de Princeton y nos ofrecieron la posibilidad de volver a Europa. Así que en menos de dos meses, trasladamos nuestra vida de EEUU a Francia con ganas de sentirnos más cerca de nuestras familias. Toda transición es difícil, pero en un momento dado hay que saber cuáles son las prioridades.

Por tanto, se instalaron de nuevo en Francia...
Consideramos distintas opciones pero la posibilidad de continuar nuestro trabajo en el centro de investigación de Technicolor en Rennes era muy atractiva. Rennes es una ciudad de carácter universitario situada en la Bretaña francesa. Tiene fácil acceso a la costa atlántica y muy buenas conexiones con París. En estos momentos estamos todavía adaptándonos a la nueva vida. Para los niños la lengua es el mayor problema, aunque es impresionante los progresos que hacen. Muchas cosas son diferentes de EEUU pero estamos más cerca de la familia y de Menorca y esto nos hace realmente felices.

Actualmente dirige el centro de investigación de Technicolor en Rennes...
Sí, he tomado la dirección del centro, que cuenta con 120 investigadores y una media de 50 estudiantes en prácticas al año. Trabajamos en campos muy distintos que van desde la realidad virtual hasta la transmisión de datos. ¡Es realmente un nuevo reto! Me encargo de todos los aspectos de gestión del centro, no perdiendo de vista el encuadre técnico del trabajo realizado. Mi objetivo es proporcionar una estrategia a nivel de centro que nos permita contribuir a la imagen de la compañía así como anticipar las necesidades tecnológicas de nuestros clientes.

¿Tiene tiempo de viajar a Menorca?
Siempre hemos intentado venir a la Isla al menos un par de veces al año, aunque era mucho más difícil desde EEUU. La verdad es que echo de menos la familiaridad de la gente y el sentimiento de estar en casa. Es un reencuentro con mis recuerdos de infancia y el sabor de la familia. Además, los niños se lo pasan estupendamente en Binissafúller, con su abuelo Antonio.

¿Cabe la posibilidad de qué vuelva a la Isla en un futuro?
Es difícil dado que mi trayectoria profesional me ha llevado lejos, pero me siento feliz pudiendo venir de vacaciones a menudo y poder enseñar a mis hijos el lugar en el que nací.


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