TW
0

En época de vacas flacas se destapan todas las miserias y ni todo el lustre de las dignas sedes y los suntuosos coches, o quizá por él, evita que se vuelva a cuestionar el actual modelo de Estado. Las voces críticas intentan ser acalladas pese al vértigo que supone asomarse al alto nivel de endeudamiento -la deuda de las comunidades superaba el 10 por cien del Producto Interior Bruto a finales del año pasado y se espera que a final de éste sobrepase los 120.000 millones de euros-, a las advertencias de la Unión Europea, que ve como peligra la contención del déficit, o a las reflexiones de destacados economistas.

El café para todos se le ha atragantado a las cuentas públicas y en los últimos tiempos lo que a muchos se antoja un auténtico despilfarro ha trascendido la diatriba de bar para colarse con fuerza en el debate parlamentario y partidista y en los medios de comunicación. La clase política instalada en su confortable "status quo" antepone la filosofía a la praxis y en su mayoría se muestra partidaria de no dar ni un paso atrás en el despliegue autonómico.

También en Menorca donde las principales formaciones de la Isla apuestan por el modelo de Estado emanado de la Constitución, aunque todos le encuentren pegas. En este sentido, son en su mayoría realistas a la hora de señalar las deficiencias que ha tenido la implementación del mismo y la necesidad de abordar reformas que permitan volver al equilibrio perdido.

Sí...

"Siempre hemos defendido este modelo y apostado por él", subraya el presidente insular del PP, Santiago Tadeo. "Por supuesto que funciona. Es una de las mejores herramientas que podemos tener y que nos ha permitido pequeños avances, pero tendremos que ir hacia la contención del déficit y del gasto", afirma Noemí Gomila, secretaria de Organización del PSOE.

También en positivo se manifiestan Irene Coll, de Unió Menorquina, y Jesús Barrasa de Esquerra Unida-Esquerra de Menorca, quienes coinciden con Gomila, en el por qué de la bondad del sistema.

"El gobierno ha de estar los más cerca posible del ciudadano", resume Barrasa, mientras que Coll añade que esta premisa es más necesaria si cabe en Menorca. "En una región ultraperiférica como la nuestra nosotros tenemos que poder gestionar recursos de acuerdo con lo que nosotros consideramos que son nuestras necesidades", sostiene.
pero...

Menos optimista es Manel Martí. El secretario general del PSM entiende que el Estado de las Autonomías no ha sido "ni un acierto ni un error, sino el resultado de un momento muy concreto de la historia, movido más por la urgencia y los miedos que por la reflexión serena y calibrada" y es el único que afirma con rotundidad que "es inviable".

Para el dirigente nacionalista esta inviabilidad obedece "a una lectura perversa de la Constitución y de una posición ideológica que no quiere que territorios como Euskadi, Catalunya, Galicia o Balears tengan un nivel de autogobierno diferenciado del resto, de acuerdo con la voluntad de su pueblo y capaz de responder a sus necesidades y aspiraciones".

Lectura que ha acabado por generar, a su juicio, deficiencias como la excesiva burocracia fruto de la compaginación de estructuras centralistas con otras autonómicas, la distribución no horizontal de las competencias, la asunción del federalismo fiscal o el mantenimiento del Senado.

Coll, como Martí, pone el acento en cómo se ha interpretado el modelo autonómico. "No todas las autonomías son iguales, el fallo es el café para todos, no es lo mismo lo que necesita un menorquín frente a un castellano-leonés, aunque al menos con el sistema actual hemos conseguido algo porque la dependencia del Estado hubiera supuesto que no nos hicieran ni caso", sostiene la líder de UMe.

Sin referirse expresamente al café para todos, desde EU-EM, Barrasa alude a como se ha gestionado el modelo. "Ha habido abusos por parte de los grandes partidos y se han creado muchas diferencias entre unas comunidades y otras, además de duplicarse determinadas competencias. El problema no es el modelo en sí sino su gestión".

"El problema estriba en la proliferación de organismos y de gasto que ha supuesto por no haberse definido bien el marco competencial y la verdadera descentralización que hubiese originado una menor burocratización y simplificación administrativa", apunta el popular Tadeo. Desde el otro gran partido mayoritario, Gomila señala a la falta de control del déficit y del gasto, como talón de Aquiles.

Quizás

Así las cosas, no cabe duda que nadie niega la imperfección del sistema ni tampoco, siquiera implícitamente, su condición de ser el menos malo por mucho que en los grandes foros -como la convención celebrada este mismo fin de semana por los socialistas en Zaragoza- se intente una defensa cerrada del mismo. En cualquier caso, por si las juiciosas advertencias realizadas en tiempo de bonanza no fueran suficientes, la crisis ha evidenciado que se impone un cambio de rumbo, que permita avanzar en la racionalización del gasto y la eficiencia administrativa con la vista puesta en el mantenimiento del Estado de Bienestar.