La gran asistencia de público dejó pequeño el salón de actos del Club Nàutic y demostró la fuerza con la que nace el Cercle d’Economia de Menorca - Paco Sturla

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La pregunta que debían responder ayer siete expertos era atrevida y difícil: "La crisis, ¿hasta cuándo?" Tras varias horas de tertulia, nadie consiguió esbozar con certeza un horizonte de esperanza, pero los siete analistas invitados por el embrión del futuro Cercle d'Economia de Menorca coincidieron en señalar por donde debe pasar el camino hacia ese horizonte. Dos son las estaciones seguras: reformas económicas y una autoridad política fuerte para articular medidas globales y coordinadas.

La reforma laboral

Sobre la necesidad de las reformas económicas, prácticamente todos los expertos calificaron como insuficientes los pasos dados hasta ahora por parte del Gobierno central. Quizás el más gráfico fue Alexandre Forcades, del Cercle d'Economia de Mallorca: "Cualquier crecimiento nacerá de las reformas, y hasta ahora no se ha hecho ninguna en este país".

Otros ponentes fueron menos contundentes, y hablaron de la reforma laboral aprobada por el gobierno Zapatero diciendo que no ha sido suficiente. El catedrático de Economía Jordi Caballé considera que "la reforma se ha quedado a medias, no sirve para afrontar los problemas laborales del mercado español. Tenemos unos trabajadores muy protegidos y otros sin ningún derecho. Esta dualidad es muy injusta".

Por su parte, Rafel Sunyol, del Cercle d'Economia de Barcelona, señaló algunas propuestas concretas a estudiar en esa reforma. Por ejemplo, habló de reducir la aportación que hacen las empresas a la Seguridad Social. "No se ha hecho nunca, pero supondría una rebaja del coste de la mano de obra, y esto puede ser bueno", comentó.

Alexandre Forcades no habló de medidas concretas, simplemente afirmó que "yo pido que las leyes laborales se aproximen a la media de Europa, nada más".

La reforma financiera

Otra de las reformas que se solicitó ayer fue la del sector financiero. En este sentido, el jefe de Inspección del Banco de España, Miquel Seguí, explicó que durante estos cuatro años de crisis "se han adoptado medidas constantemente, pero otra cosa es que éstas se hayan traducido en un flujo de crédito hacia la economía".

Seguí entiende que los años de bonanza económica acabaron debilitando el sistema financiero, que se nutrió de mucho capital extranjero que se desvió hacia la burbuja inmobiliaria.

Además, considera que la concesión de créditos se relajó en demasía, y que ahora una de las consecuencias de esta situación es "que muchas comunidades autónomas se han quedado sin entidades financieras de referencia, lo que hace perder centros de conocimiento regional muy importantes".

El jefe de Inspección pronostica que la concesión de crédito quedará muy restringida, pero apunta su particular punto de vista asegurando que "esto no tiene que ser malo a la fuerza, porque devolverá a las entidades financieras el papel que olvidaron de destinar el dinero a actividades seguras y viables. Ésta es la gran reforma pendiente".

La reforma internacional

Jordi Caballé también apuntó la necesidad de la reforma financiera "porque no es de recibo que a día de hoy no conozcamos el agujero económico que tienen las cajas. La incertidumbre es uno de los peores condicionantes para la economía".

Caballé, pero, introdujo otro de los puntos destacados del encuentro de ayer al hablar también de una reforma del sistema financiero internacional. A su entender, ante un sistema globalizado, capaz de mover con un solo click de ordenador cantidades de dinero muy superiores al producto interior bruto de España, "hace falta un sistema político potente, y ahora mismo tenemos unos gobiernos que actúan con una lentitud impresionante a la hora de tomar decisiones. Es necesaria una autoridad política o moral que permita actuaciones globales y coordinadas. Y para ello necesitamos líderes, y los que tenemos hoy no son ni los que necesita Europa ni los adecuados para esta situación".

De hecho, la crítica a los actuales líderes políticos europeos y a la debilidad de las instituciones a la hora de concertar las decisiones fue otro de los denominadores comunes del encuentro de ayer.

Rafel Sunyol apostó por "tender a unos gobiernos fuertes y jugar a una euroeconomía de verdad, puesto que la falta de autoridad central europea es clave en esta crisis. El Banco Central Europeo es un cúmulo de confusiones, errores y lentitud".

Forcades, seguramente el más fogoso de la reunión, fue más drástico asegurando que "a Europa le quedan dos telediarios si las cosas no cambian, puesto que tenemos una población envejecida que no quiere reformas y unos sindicatos inamovibles".

¿Y el sector público?

Si en algunos puntos del debate se esbozaron acuerdos tácitos, las opiniones fueron más divergentes cuando se enfocó el papel que debe jugar el sector público en la resolución de la crisis. En una época en que se habla mucho de dejar paso al sector privado, Jordi Caballé aseguró que "el sector público debe tener un papel importante y debe ser decisivo en las políticas de crecimiento".

Para Caballé, los recortes que se están pregonando y en algunos casos aplicando "suponen un espiral de recortes que deprimen la economía, lo que hace disminuir los ingresos del sector público y desemboca en nuevos recortes. Hemos visto medidas de este tipo en los últimos años, y no han aportado ningún síntoma de salida de la recesión".

El catedrático de Economía de la Universitat Autònoma de Barcelona sí se muestra partidario de reducir algunas de las aportaciones del sector público, "como las inversiones con nulo impacto en el crecimiento económico, por ejemplo llevar el AVE hasta sitios donde no se utiliza". Caballé también cuestiona las subvenciones a sectores económicos como el automóvil o la vivienda "puesto que estas actividades no tendrán impacto en el crecimiento productivo futuro".

También Rafel Sunyol se mostró partidario de un sector público que juegue un papel activo en el panorama económico actual. "Seguramente es necesaria una mayor intervención pública, por ejemplo practicando una política de rentas concertada, en la que empresarios y sindicatos pacten precios".

El economista habla de "volver a mirar hacia la política, haciendo acuerdos por encima de partidos para atacar la recesión de manera dura, pero mediante una intervención necesariamente acotada en el tiempo".


Roselló matiza

Desde la experiencia del sector público, Joan Rosselló, profesor de Economía y ex director general de Presupuestos del Govern balear, matizó la opinión de sus compañeros, sentenciando que "quien confíe en la Administración para que le saque de la crisis está apañado".

Rosselló habla de "incoherencia de la economía política, puesto que actualmente las administraciones están ahogando a los proveedores al no pagarles a la vez que hacen gasto para mantener la actividad económica. Con esta situación, lo que se consigue es que el sector privado acabe financiando al público con situaciones como la que se produce en algunas comunidades, en la que las administraciones pagan a sus proveedores a 750 días".

Además, Rosselló apunta que la decisión del sector público de aumentar su endeudamiento ha reducido el crédito al que puede acudir el sector privado. Esto acaba creando la paradoja de que "para tener dinero para estimular al sector privado se le acaba perjudicando, puesto que queda menos dinero para las empresas y además se disparan los intereses".

El profesor de Economía fue muy gráfico al defender que "esto no se arregla bajando el sueldo de los políticos o quitándoles el coche oficial. Los políticos y la gente deben cambiar su mentalidad, y saber que la administración tiene límites, y hay cosas a las que debe decir no".

Durante este debate, Sunyol también puso en tela de juicio la austeridad de la que tanto se habla. Para él, "la austeridad es más ideológica que económica, y provoca caídas radicales del PIB. Todo el mundo dice que aún nos toca austeridad para rato, y esto puede acabar cargándose el poco crecimiento económico del que disponemos".

Sunyol apostó claramente por "el desendeudamiento" de las administraciones, las empresas y las familias, y en este sentido elogió el trabajo realizado en esta línea por el Gobierno central. No obstante, consideró que este proceso se está realizando demasiado rápido, y existe el riesgo de que se deprima el país.


Perspectiva local

La tertulia se trasladó al plano más local con las intervenciones del hotelero Sebastià Triay Fayas y el empresario Francisco Tutzó, promotor del Cercle d'Economia de Menorca. Triay Fayas habló de la realidad turística, y abogó por una reforma del PTI "porque es demasiado restrictivo y no ha cubierto las expectativas".

Triay pidió también un mayor esfuerzo de cara al turismo "porque Menorca solo quiere turistas de lunes a viernes, y tenemos que asumir que somos una tierra turística".

Por su parte, Francisco Tutzó explicó la experiencia vivida en Quesería Menorquina, cuya situación actual calificó de muy complicada, pero se mostró convencido de luchar para mantener la empresa. "Si Quesería se fuera al traste, sería un golpe psicológico muy fuerte para Menorca", apuntó.

Alexandre Forcades habló de Balears al sentenciar que "será la última comunidad autónoma en salir de la crisis porque no hemos hecho la reflexión necesaria".