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"Era una gran persona, culta, educada y con un extraordinario sentido del humor, un hombre optimista, siempre positivo, su espíritu joven no revelaba su edad. Mi amistad con él a lo largo de 40 años me ha dejado una profunda huella".

Estas son las sentidas palabras que el empresario menorquín Joan Torres dedica a su amigo Jon Lord, fallecido el lunes. Lord fue uno de los fundadores del grupo de rock Deep Purple y compositor, entre otros temas, del famoso "Smoke on the water".

Lord era un habitual de Menorca, hacía unos treinta años que Torres le había construido una casa en Sa Talaia de Binibèquer, que compartía también con el batería del grupo Ian Paice. Las esposas de ambos son hermanas gemelas.

"Son unos enamorados de Menorca, en cuanto tienen la ocasión vienen a pasar unos días", cuenta Torres, a quien le vienen a la memoria muchos recuerdos y sensaciones. "Estuvo en casa muchas veces y casi siempre tocaba el piano; eso sí, temas clásicos". Joan Torres había mantenido inicialmente una buena relación de negocios con el contable y con el manager del grupo.
Los miembros de Deep Purple descubrieron la Isla y al cabo de un tiempo decidieron poner una de sus bases aquí. Jon Lord compuso al piano la pieza "Menorca blue" , la única composición que reconoce la Isla, pero seguro que no la única que le inspiró.

Las anécdotas que Joan Torres recuerda son muchas. Cuenta que cuando se construía la casa de Sa Talaia y aún no estaba del todo amueblada, Jon se tumbó en el jardín en una hamaca. Seducido por la nueva casa, un individuo se aventuró a pasearse por el jardín y al darse cuenta de que no estaba solo le preguntó a Jon si era él el constructor.

La otra anécdota ocurrió en un restaurante de Son Ganxo. Lord anunció que cantaría una canción con el nombre que se eligiese, a muchos les pareció difícil y se hizo una apuesta que llenó una mesa de dinero. Lord cantó "Happy birthday" con el nombre escogido, la broma se saldó con la devolución del dinero, excepto el último billete de mil pesetas, que compartió con Torres partiéndolo por la mitad como recuerdo, uno de tantos otros que el menorquín guarda en el cofre de sus tesoros.