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Podríamos decir que Patxi López es, de un tiempo a esta parte, un político de moda. En su etapa como lehendakari ha llegado el fin de la violencia de ETA en Euskadi, y además, la comunidad autónoma que preside muestra uno de los mejores comportamientos ante la crisis. Con la mitad de paro que la media española, con el mantenimiento de la inversión en I+D y sin aplicar los grandes recortes de Rajoy, Patxi López presenta Euskadi como la prueba empírica de que hay otra forma de gestionar la crisis. Ayer, antes de atender al resto de medios de comunicación y de protagonizar la tertulia en Es Mercadal, dedicó unos minutos a este periódico.

La suya es una de las presencias más destacadas en las tertulias de verano de Es Mercadal de este año.

Cuando el alcalde me propuso participar en un formato que me parece muy curioso e insólito, en una plaza abierta y con la gente tan cerca, no lo dudé ni un instante.

Parece un buen sistema para acercar a los políticos de nuevo a la gente.

Todas las semanas hago encuentros de este tipo, sin publicidad y sin medios de comunicación, para comprobar si lo que hacemos es efectivo o no.

Corren malos tiempos para los políticos.

Desgraciadamente son malos tiempos para los políticos y para la política, a pesar de que estoy convencido que la política sigue siendo la única herramienta que tiene la ciudadanía para cambiar la sociedad.

Pues ahora mismo la ciudadanía parece que no está muy por la labor.

Pueden no creer en como alguien gestiona la política, pero en el fondo saben que solo con la política se pueden tomar medidas que cambien las cosas. Me preocupa muchísimo este distanciamiento, y una de nuestras obligaciones es ponerle remedio.

Desde el País Vasco han presentado varios recursos en contra de los recortes aprobados por el Gobierno central. ¿Son factibles o son de cara a la galería?

Los ponemos porque creemos que las medidas impuestas por Rajoy invaden competencias autonómicas, y nosotros vamos a defender nuestro autogobierno. Pero es que además, nos oponemos a estas medidas porque son injustas, pues cargan otra vez sobre los hombros de los mismos de siempre el peso de la crisis, y además, son radicalmente equivocadas. Los últimos datos lo certifican, el paro a niveles históricos y el Fondo Monetario Internacional está haciendo una revisión a la baja de la evolución de la economía española. Rajoy, con sus medidas, no está solucionando los problemas, los está agravando.

El Gobierno central repite constantemente que no hay alternativa.

Euskadi es la demostración de que sí hay alternativa. Pero es que además, Rajoy no ha utilizado dos cosas. Una son los recursos del plan de ajuste, que no sirve solo para tapar agujeros sino también para poner en marcha políticas de crecimiento económico, de generación de empleo y de cambio de modelo productivo. Y Rajoy tampoco ha puesto en marcha medidas para repartir más equitativamente la carga de la crisis. Los funcionarios, los servicios públicos, los trabajadores, los parados o los jubilados no son los causantes de la crisis.

¿Qué puede enseñar el País Vasco a España?

No queremos enseñar nada, simplemente demostrar que hay otra forma de hacer frente a la crisis. Se pueden hacer ajustes, ser austero y reformar los servicios públicos y a la vez tener recursos para invertir en el tejido económico y en la generación de empleo. Por ejemplo, cuando en Euskadi nos dicen que tenemos que aplicar el copago farmacéutico, calculamos que podemos ahorrar unos 33 millones de euros. El año pasado, con nuestras medidas, ahorramos 46 y sin el copago, con políticas de centralización de compras, de genéricos, de revisión de expedientes... Políticas que no castigan a los colectivos más vulnerables y que consiguen más ahorro. Además, ahora estamos planteando una reforma en la atención de los enfermos crónicos que puede ahorrar 360 millones en tres años, mucho más que con el copago. Si Mariano Rajoy hubiera convocado a las comunidades autónomas antes de imponernos las medidas, le podríamos haber explicado que hay otras fórmulas de ahorro, pero ha optado por la imposición y por el boletín.

La portavoz de su gobierno ha dicho hoy que los ciudadanos vascos no van a notar el efecto del copago.

No lo van a notar porque estamos buscando fórmulas para compensarlo. Ante una medida radicalmente injusta que van a pagar los jubilados, los enfermos crónicos, y que viene a desmontar un sistema de salud que tanto nos ha costado conseguir, nuestro gobierno tiene que poner sobre la mesa medidas justas, de universalidad del sistema, equitativas y de justicia social. Por eso buscaremos fórmulas para compensar el copago por otra parte, porque por ahí no está el ahorro en sanidad. Para mí el mejor copago siempre ha sido unos impuestos justos y una fiscalidad justa.

Quizás el concierto económico, su sistema de financiación, les permite más margen de maniobra a la hora de aplicar estas medidas propias.

A veces la gente cree que el concierto es un sistema de privilegios y que los vascos podemos hacer todo lo que queramos, y eso no es verdad. El sistema del concierto económico es un sistema de riesgo. Cuando las cosas van bien, recaudas mucho, pero cuando van mal y cae la recaudación, no tienes ningún elemento compensador por parte del Estado. A nosotros el Gobierno no nos puede financiar pagos a proveedores o no puede rescatarnos. La recaudación en Euskadi ha caído mucho, 1.000 millones por ejemplo en el pasado año, y hemos tenido que cubrir esto con nuestros propios ajustes. Sí, también hemos tenido que hacer ajustes, pero los hemos hecho de otra forma, sin tocar los servicios públicos básicos ni las prestaciones básicas. Además, hay que dejar claro que el gobierno vasco, que es quien soporta el gasto de educación, de sanidad, de los servicios sociales, etcétera, no controla la fiscalidad. Son las diputaciones quienes lo hacen, y se ha producido un juego perverso, puesto que hay diputaciones que no han querido hacer ninguna reforma fiscal, que no han querido hacer campañas conjuntas contra el fraude, porque son de otros partidos políticos y han preferido que el gobierno gobernara con una mano atada a la espalda. El concierto te da margen de maniobra, sí, pero en este caso no nos ha dado recursos extras.

¿Qué le parece que Catalunya esté pidiendo un modelo similar?

Cuando analizas los números, ves que Catalunya aporta mucho más de lo que recibe, lo que por otra parte es como debe ser por el tema de la solidaridad entre territorios. Pero también es verdad que se puede entender como algo desproporcionado, lo que necesitaría de cierto reequilibrio. Ahora, de aquí al concierto económico hay un salto evidente, que no compartiría porque podría quebrar el sistema.

¿Por qué Euskadi sí puede tener concierto y Catalunya no?

Es un tema de la historia y de como hemos ido conformando este país, con sus diversidades y particularidades. Esto es lo que ha hecho posible este estado de las autonomías, que ahora algunos quieren desmontar como si fuera el causante de todos los males, cuando es uno de los elementos que ha permitido que muchas comunidades de España que estaban totalmente abandonadas y marginadas por el poder central hayan dado un salto de igualdad como nunca antes en la historia. Me rebelo contra este pensamiento. La culpa no es del sistema, sino de algunos de los que lo han gestionado. Quizás algunos quieren cargarse el modelo autonómico en base a la gestión de sus propios compañeros de partido.

Hemos charlado bastantes minutos, y no le he tenido que preguntar por ETA. Buen síntoma, ¿no?

Aunque fuera solo por eso, ha merecido la pena estar en el gobierno impulsando este nuevo tiempo en Euskadi. Quien me iba a decir a mí que hablaría en Es Mercadal de economía y otras cosas y no de terrorismo y de violencia.

Se ha iniciado este nuevo camino, pero ¿falta mucho por andar aún?

Pero es un camino diferente. Hemos dejado atrás el tiempo de la violencia y el terrorismo. Ahora tocar consolidar el tiempo de la convivencia. Cuarenta años de violencia dejan focos de rechazos, odios e intolerancias que tenemos que ir deshaciendo con cultura y pedagogía democrática y de tolerancia. Todo esto deberemos ir haciéndolo entre todos.