Foto de Familia - Reuters

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La gran homenajeada, Concha Velasco, la eterna chica ye-ye, fue una más de los protagonistas de la gran noche del cine español, la de los premios Goya. Su humorística y teatral intervención al recibir el Goya de Honor de manos de su sobrina Manuela Velasco puso en pié a todos los asistentes del hotel Auditorium, lugar improvisado para celebrar la gala ante la clausura preventiva municipal del Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Su forma de recordar los premios nunca recibidos "a pesar de utilizar el mejor método staniswhisky" fue tan brillante como divertida, así como el número musical 'Rita Gyndawood' en su honor, y coronó una velada en la que nuestro cine jugó a las matemáticas con una particular regla de tres: los académicos premiaron lo artístico ("Blancanieves" de Pablo Berger, gran triunfadora con 10 estatuillas), lo popular ("Lo Imposible" de J.A. Bayona y "Las Aventuras de Tadeo Jones" de Enrique Gato, 5 y 3 Goya respectivamente) y lo reivindicativo, en muchas de las intervenciones de los premiados y en las de su aguerrida presentadora, la inefable Eva Hache.

CANDELA, CAMINA O REVIENTA
"He visto morir a mi padre en un hospital público donde no había ni mantas para taparlo y al que teníamos que llevar el agua"... Estas duras palabras son solo una pequeña muestra del contundente discurso de agradecimiento de Candela Peña, sorprendente ganadora en la categoría de Mejor Actriz de Reparto por "Una Pistola en cada Mano" de Cesc Gay.

Peña, impresionante intérprete con tres cabezones en casa, llevaba tres años sin trabajar en los que también tuvo un hijo a pesar de no saber "qué tipo de enseñanza va a recibir", dijo. Su temprana intervención abrió la Caja de Pandora reivindicativa, que ya se había iniciado con el discurso del presidente de la Academia, Enrique González Macho, y con Eva Hache, que en sus primeros compases ya disparaba contra José Ignacio Wert ("Recibamos a las autoridades como se merecen… No, mejor recibámoslas bien"), ministro de Cultura presente en la gala, con la actualidad de los recortes en sanidad y educación, amén de cebarse con la Casa Real, el caso Nóos, Rajoy, Bankia y hasta con Gerard Dépardieu…

Se sabía de la gala que iba a ser muy reivindicativa, pero la cosa fue a más: desde el agradecimiento de Maribel Verdú, Mejor Actriz como malísima madrastra en "Blancanieves", acordándose de la gente "que ha perdido su casa por culpa de un sistema corrupto y obsoleto que permite robar a los pobres para dárselo a los ricos", hasta el discurso de Javier Bardem, productor del largometraje documental ganador en su categoría "Hijos de las nubes, la última colonia" (Álvaro Longoria), reivindicando la temática saharaui: "En el Sáhara no se les puede echar de sus casas, como aquí, porque ya fueron deshauciados hace 35 años. Es importante que no dejemos que esto ocurra aquí". Otras perlas fueron las del siempre ácido José Corbacho, saludando al ministro sólo un 21 por ciento o entregando el Goya a la Mejor Actriz Revelación "que podría haber ganado Ana Mato o la infanta Cristina". El premio fue para Macarena Gómez, la nueva Blancanieves del cine español, muy emocionada y completamente ajena al batiburrillo crítico de la noche.

¡SOMOS UNA INDUSTRIA!

Smokings baratos, el perfil bueno de los actores... los 'muchachada' (Carlos Areces, Ernesto Sevilla, Julián López y Joaquín Reyes) fueron la cal de la velada. La arena, el tremendo y embarazoso error de Adriana Ugarte y Carlos Santos, anunciando un Goya a la Mejor Canción que no era... Así fue sucediendo la ceremonia, premiando paulatinamente la gran proeza muda de Pablo Berger (Y lo que no se atrevió Oscar, lo hizo posible Goya: premiar a un film silente con el Mejor Guión Original), alimentando la leyenda y la emoción de J. A. Bayona (que quiso entregar el Goya al Mejor Director a María Belón, la auténtica superviviente del maremoto en Indonesia) y concediendo más cuerda a Enrique Gato (Mejor Dirección Novel) y su famoso arqueólogo casero. "Grupo 7" de Alberto Rodríguez no se fue de vacío: sendos premios a Joaquín Núñez (Mejor Actor Revelación) y a un Julián Villagrán (Mejor Actor de Reparto) al que habrá que seguir de cerca. Fernando Trueba y "El Artista y la Modelo" fueron los grandes perdedores de la gala. A alguien le tenía que tocar.

Muy emocionantes fueron los Goya a los mejores filmes extranjeros: por Europa, el exitazo francés "Intocable" ("Intouchables", Oliver Nakache y Eric Toledano) y por Latinoamérica, "Juan de los Muertos", la fábula zombie de Alejandro Burgués (muy excitado Jazz Vilá, "La China" al recoger el galardón, reclamando el lugar cinematográfico que Cuba se merece). La hermosa sentencia "Éramos sombras sois luz" sirvió para homenajear a nuestros desaparecidos, aunque mención aparte la tuvo el recientemente fallecido Fernando Guillén, recordado por sus dos hijos Cayetana y Fernando Guillén Cuervo. Aunque la gran ovación de la noche se produjo al conocerse el Goya al Mejor Actor: por fin la Academia rendía cuentas con uno de los más grandes, José Sacristán, gracias a su crepuscular asesino a sueldo en "El Muerto y ser feliz" de Javier Rebollo. Una brillante circunstancia para una gala plagada de momentos inolvidables. Como sentenció Pablo Berger con el Goya a la Mejor Película para "Blancanieves" en las manos: "¡Somos una Industria!". Una gran industria con tesón, arte, frescura y un más que saludable espíritu crítico.