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La falta de calado que sufre el puerto de Maó amenaza, al menos, a una cuarta parte de los cruceros que el próximo año prevén recalar en la ciudad. Seis de los 24 buques turísticos que ya han programado su llegada a la Isla a lo largo de 2014 precisan siete o más metros de calado, el umbral que se considera mínimo para operar en condiciones de seguridad en la rada maonesa.

A principios de año, Capitanía Marítima restringió el calado de los buques susceptibles de atracar en el Moll de Llevant a un máximo de siete metros y medio, que es incluso inferior -de entre 6,70 y 7,20 metros- en otras zonas. Pero hasta Autoridad Portuaria admite ahora que aquellas batimetrías han quedado obsoletas y haría falta realizar nuevas mediciones, ya que la entrada de cualquier buque de gran eslora mueve tanto los lodos que la distancia entre la quilla de las embarcaciones y el fondo del mar puede haberse reducido. Además, sostienen estas mismas fuentes, una cosa es el calado teórico y otra el real, que depende, entre otros factores, del pasaje y la carga que transporte el barco en cuestión.

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