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Manitas de cerdo, rabo de toro, paella, tabla de ibéricos, pulpo a la gallega y bacalao a la vizcaína o a la llauna. Son platos tradicionales de nuestra gastronomía que forman parte del menú de un restaurante que, al otro lado del mundo, en China, resulta exótico y atractivo. Al que las paelleras, los vinos, la sidra, los quesos y el jamón llegan desde España y en el que el chef y propietario es un menorquín, Juan Jesús Salvador 'Juanje', como le conocen en Ciutadella.

Después de viajar por medio mundo y de trabajar dos años como voluntario en Nepal, se estableció junto a su esposa, Jiaping Xu, en una de las ciudades favoritas de los chinos para hacer turismo en su propio país, y allí abrió su restaurante, Casa Aurora. Dice un refrán chino que «En el cielo está el paraiso, y en la tierra, Suzhou y Hangzhou», y desde esta última ciudad nos cuenta su experiencia.

¿Cómo nació la idea de abrir un restaurante español en China?
– Siempre he estado vinculado al mundo de la restauración, mis padres tuvieron negocios en Cala en Blanes, Los Delfines y en Ciutadella. Casi que nací detrás de una barra, lo he vivido como tradición familiar, y esa ha sido mi escuela de hostelería. Ya llevaba cuatro años en China, en distintos negocios y como freelance, pero el año pasado decidí abrir el restaurante en Hangzhou, cerca de Shangai.

¿Qué tipo de establecimiento es?
– Es de comida casera y tapas, y lo que nos ha hecho más famosos son las paellas. Mis padres me acaban de mandar más paelleras desde España porque aunque parezca mentira, porque aquí fabrican de todo, las paelleras no las hacen.

¿Es el único en esa zona?
– No, hay otro restaurante español pero es de cocina molecular, el nuestro es muy clásico, muy español.

¿Y es bien aceptada la gastronomía española entre los chinos?
– Sí, sí, están abiertos a la cocina española, no conocen tanto la de Menorca en concreto, pero también servimos ensaladas mediterráneas o gambas a la plancha. Ahora lo que estamos introduciendo y pega mucho es el bacalao a la vizcaína. Incluso hemos salido en algún programa de televisión aquí. Son muy curiosos con la gastronomía española, tiene fama.

¿Qué tipo de clientela tiene?
– Son clientes de clase media o alta, gente de negocios, la mayoría ha viajado o estudiado fuera. Hay que pensar que elaborar muchos de nuestros platos aquí no sale barato. Un jamón Cinco Jotas nos cuesta a nosotros casi 700 euros y el plato pequeño sale a 24 euros en el restaurante. Y el vino más barato en España aquí triplica el precio cuando pasa por las aduanas. Además, es materia prima buena.

Así que hay mercado en Hangzhou para el negocio...
– Es que es una ciudad de nueve millones de habitantes y además recibe alrededor de un millón de visitantes a la semana, es turística, aquí la llaman «el cielo en la tierra» y la verdad es que es muy bonita, muy verde, con mucho arbolado y flores. Lo único que me falta es el mar, es lo que más echo de menos.

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¿Siente añoranza?
– Sí claro, ahora mi padre me va a enviar un gin y unas hierbas. Echo de menos el olor a mar, el azul, el cielo, las puestas de sol en Cala en Blanes, las fiestas de Sant Joan, que son las mejores. Tengo la ilusión de pasar un par de semanas allí e ir a nadar con mi hija a Macarella.

Pero usted ya era viajero cuando se estableció en China...
– Sí, había estado en India, Laos, Camboya, Vietnam..., llevaba más de cinco años viajando, de mochilero, para conocer mundo. Conocí África, Sudamérica, Europa, pero tenía unos amigos en India y aquello me enganchó. También estuve dos años trabajando de voluntario en Nepal. Pero en realidad me establecí en Hangzhou por mi mujer, fue un flechazo loco, ella es de un pequeño pueblo de esta zona y la conocí ya en China.

Entonces ¿su adaptación fue fácil?
– No crea, la mayoría de extranjeros van a Beijing (Pekín) o Shangai.., que son casi como ciudades occidentales. Pero yo cuando llegué en 2010 me fui a una ciudad un poco perdida, Yiwu, que está bien para hacer negocios pero, en aquella época todos los letreros, por ejemplo, estaban en caracteres chinos, si veían que eras extranjero en algunos sitios te cobraban más...ahora ya se ha occidentalizado más. Y ahora vivo en una ciudad muy cosmopolita. De todos modos, China está cambiando cada media hora. Yo suelo ir a Shangai cada tres meses y noto los cambios, los edificios por ejemplo, se levantan rápido....

Otros menorquines han comentado esa dualidad consumismo y vorágine capitalista bajo gobierno del comunismo ¿usted lo nota?
– Sí, pero hay un equilibrio, en las ciudad es grandes se nota más pero en las pequeñas está más controlado. Yo creo que aquí el gobierno piensa en el pueblo, yo no veo a ningún chino muriendo de hambre y todos tienen su móvil. Me parece que a veces las noticias llegan a España intoxicadas y cuando me visitan amigos alucinan.

Pero, por ejemplo, usted es padre, ¿qué opina de la política de hijo único?
– Desde el verano pasado la han flexibilizado y dejan tener dos hijos, si el esposo y la esposa son hijos únicos. Lo que pasa es que si tienes más hijos de los permitidos te hacen pagar, hay un director de cine que recientemente tuvo que pagar millones. Pero no sé más, porque en realidad a mí, como soy extranjero, no me afecta.

¿Y algún ejemplo de esas medidas que le parecen positivas?
– Bueno aquí si montas una empresa te obligan a que el 70 por ciento de los trabajadores sean chinos y te cobran más impuestos por ser una empresa extranjera, yo creo que eso es mirar por tu pueblo. Otro ejemplo, en Yiwu montaron un edificio de venta al por mayor, con tiendas, y las cedieron para que lo explotaran y salieran adelante los aldeanos. El pueblo chino además es muy trabajador.

Y los empresarios españoles ¿tienen apoyo allí?
– Nada. El Gobierno español no ayuda nada para que emprendas o vendas aquí. Yo quise que viniera gente de la embajada para un showroom y no quisieron, cuando tienes aquí que competir con los franceses, que van todos a una y hacen sus shows para vender su vino o sus quesos. Aquí ser empresario españoles como ir a la guerra con un palo. Lo que sí tenemos es muy buena relación entre los españoles que vivimos aquí, nos echamos una mano, hay una hermandad muy fuerte.

Usted se abre camino en un gran mercado, muchas veces temido...
– Sí y animaría a más gente a perder ese miedo a China, a que le echen valor y salgan. Yo quiero mucho a mi país y estoy orgulloso de cómo somos y cómo nos ven, trabajadores, sociables... pero bueno, a lo mejor ahora con la crisis, saliendo hay gente que tendría otra opción.

¿Se plantea volver algún día?
– Volver ahora mismo es impensable, pero también lo era vivir en China. La vida me puede llevar a otro sitio, lo importante es elegir algo que me haga feliz a mí y a mi familia.