«A veces sale el sol». Es el título que la propia Carla pone a esta foto en la que, en un espléndido día, pasea por un bosque y un lago próximos a su casa. | C.S.

TW
2

Carla Segura (1991, Barcelona. Con 6 meses llega a la Isla) se declara aficionada a los cambios. Ya su vida estudiantil se repartió entre Mallorca y Barcelona, con un intercambio en la University of Jyväskylä, en el centro meridional de Finlandia, aunque antes de viajar allí «yo también tuve que buscar el nombre en el Google Maps», reconoce jocosa.

Allí pasó nueve meses, empapándose de las virtudes de un sistema educativo alabado y al que a menudo se mira desde España. Y no tuvo suficiente, así que regresó, pero no fue fácil el recorrido.

Su elección fue premeditada ¿por qué se fue a Finlandia?
— Porque era el más diferente, el que menos conocía de los países que ofertaban para hacer proyectos de intercambio universitarios, y también por su Educación. Cuando me mudé a Barcelona para continuar mis estudios, nos dieron una charla sobre el programa Erasmus y me llamó la atención Finlandia.

Y al finalizar ese periodo decidió reengancharse...
— Bueno antes pasé por Barcelona otra vez, a entregar papeles y resolver asuntos en la universidad. Entonces me comentaron que había un programa, el Erasmus +, que permite otro tipo de intercambio, cuando ya eres graduado, con el cual la idea era ir a un colegio para trabajar como ayudante. Te ofrecen una beca durante tres meses como máximo y tienes libertad para escoger destino en Europa.

¿Se la concedieron?
— No. Había visitado Helsinki un par de veces durante mi estancia en Jyväskylä y siempre me había gustado esta ciudad. Encontré un colegio en el que poder hacer el intercambio, pero cuando fui a entregar la solicitud para el Erasmus + en la universidad me dijeron que me había informado mal. No podía solicitar la beca porque me había graduado ya, mi expediente académico estaba cerrado. Y eso que meses antes había intercambiado mails con la Gestión Académica de la Universidad y me decían que todo estaba correcto, que podía solicitarla.

¿Qué hizo entonces?
—Ese mismo día decidí que iría igualmente.

¿Cómo suplió la falta de ingresos de la beca?
—Me fui el verano antes a trabajar a Eivissa para ganar dinero y ahorrar. Ya lo había hecho antes. Estuve trabajando de taxista. La verdad, son tres meses duros, jornadas de doce horas, sin ningún día libre, tu vida es el trabajo. Aunque la verdad, es maravilloso ese trabajo en Eivissa.

Se conocerá la isla palmo a palmo.
— Pues sí, las zonas de hoteles, las playas, los sitios turísticos y para ir de fiesta. Me saqué los permisos, el de Tráfico y el del Ayuntamiento, y la primera vez que lo hice, cuatro o cinco días antes me recorrí toda la Isla y trabajé ¡sin GPS! Al menos gané dinero para mantenerme los primeros meses en Finlandia. Luego, hasta que encontré el trabajo, mi familia me ayudó.

Porque decidió ir al colegio de Helsinki igualmente pero sin beca y sin cobrar...
—Exacto, los dos primeros meses no cobraba, y sin ese apoyo familiar no me hubiera podido quedar tanto tiempo, porque Finlandia es muy cara, y yo me fui un poco a la aventura, con mis ahorros para dos meses. Estuve en la escuela Taivallahti koulu de voluntaria y haciendo otros trabajitos para ganar dinero, como canguro por ejemplo. Más tarde hice una sustitución en un centro de Educación Infantil en el que mis jefas eran españolas, y diversos cursos, como por ejemplo de idiomas, finlandés e inglés. En junio de este año, cuando acabé el contrato del colegio español, mandé curriculums a centros internacionales, porque mi finlandés es todavía muy básico, doy las clases en inglés, y me llamaron de mi empleo actual en el ICEC (International Childcare and Education Center).

¿Cómo es su trabajo diario?
—Tengo un grupo de edades mezcladas de entre 3 y 5 años y doy clase de música y de flauta dulce a dos grupos de 6 y 7 años; estos últimos aún están en el centro de Infantil porque en Finlandia la escolarización obligatoria empieza a los 7 años, no a los 6 como en España. El equivalente de este grupo sería en España el primer curso de Primaria. La escuela es británica, sigue ese modelo curricular y la empresa, ICEC, es uno de las más grandes de Helsinki que tiene escuelas infantiles internacionales. Creo que es interesante para quien pueda leer la entrevista, decir que siempre están buscando gente, profesionales. Yo me quedé bastante sorprendida. Tienen ocho centros y siempre hay movimiento de maestros.

Noticias relacionadas

¿Buscó trabajo en su sector antes de salir de España?
—No, realmente yo siempre quise irme y tener la experiencia que estoy teniendo ahora. Finlandia siempre sobresale en todos los estudios educativos, como el Informe PISA, y aunque solo sean cálculos y números, es interesante. Me hacía ilusión trabajar en Finlandia de maestra y ver cómo funciona este sistema desde dentro.

¿Y qué nos puede contar? ¿Es Finlandia tan ejemplar como se dice?
—No trabajo en una escuela cien por cien finlandesa porque no domino el idioma, aunque en el Erasmus sí hice las prácticas en colegios finlandeses. Dí clases de cultura y cocina de España y otros países, también de Educación Física, sobre lo que hice mi trabajo de fin de Grado. Para mí lo bueno que tiene el sistema educativo finlandés es la buena preparación de sus maestros en la universidad.

¿En qué sentido es mejor esa formación de formadores?
—La universidad en Finlandia es muy libre, puedes escoger lo que a ti te interesa, y no vas a la universidad solo por ir o por apuntarte a algo. Es duro el acceso, un porcentaje muy pequeño consigue entrar para ser maestro; hacen unas pruebas bastante difíciles, necesitas una buena nota media y pasar tanto una entrevista personal y un test de inteligencia emocional, como un examen. Y siempre te preguntan por relacionar conceptos que luego te van a servir en tus clases, por lo práctico.
Creo que si pudiéramos imitar algo en España del sistema educativo finlandés es esta formación del profesorado.

Y en cuanto a los alumnos, ¿qué diferencias nota?
—Es cierto que el sistema educativo finlandés está muy bien, pero los niños, en comparación con los españoles, no desarrollan tanto la expresión, la comunicación y la educación emocional. Está claro que viene marcado por el clima y su cultura, pero es algo que no se evalúa en pruebas como las del Informe PISA pero también es una inteligencia, la emocional y la interpersonal, tus relaciones con las otras personas.

¿Y cuál fue su aportación para romper ese hielo emocional?
—Como mi especialidad es Educación Física realicé unas programaciones didácticas, centradas en el deporte, la comunicación, el trabajo en equipo, el contacto entre alumnos..., y había cosas que costaban muchísimo. Los chavales aquí hacen mucho deporte pero las clases de Educación Física son muy tradicionales. Yo plantee algo alternativo, bastante raro para ellos. Simplemente trabajar el tema del equipo y el hacer juegos de contacto y comunicación no verbal.

El clima es frío ¿la gente también?
—Es generalizar, pero creo que sí. Por el clima y por su historia, está un poco mezclado. Mis amigos finlandeses son personas muy abiertas, han viajado, pero los que no han salido y solo hablan finlandés son más cerrados. De todos modos creo que se puede decir que sí, que la comunicación entre personas es diferente a la nuestra.

¿Pero son acogedores?
—Sí, la gente aquí es muy amable, son supereducados, siempre que pueden te echan una mano cuando lo pides. Te dejan su espacio, ellos también necesitan mucho su espacio personal y físico. Un finlandés no te va a venir ayudar si tú no lo pides, porque ellos si necesitan algo lo piden. Son muy claros y muy honestos, tremendamente honestos. A veces eso a nosotros nos puede chocar, porque los españoles a veces si algo no nos gusta decimos «bueno..., igual sí..., o ya nos llamamos» aunque no te apetezca, pero ellos no son así. Ellos te lo dicen muy claro, son claros y breves.

¿Qué es lo que le resulta más duro en su adaptación?
—Lo más duro aquí es la oscuridad, sobre todo cuando cambia la hora en otoño. Noviembre y diciembre son los meses más duros, y eso que aquí en Helsinki, que está al sur, el tiempo ahora no está siendo muy duro, no hay mucha nieve. Lo de la falta de luz no me lo podía imaginar, el sol sale a las 9 o 9.30 de la mañana y se pone a las tres de la tarde. Noviembre es húmedo y muy oscuro, a las tres y media todo está negro. Y cuando hay sol, no es como lo entendemos en españa, está gris o nublado, la luz es muy tenue. Espero que nieve.

¿Por qué?
—Porque ayuda muchísimo, el paisaje está más bello, cubierto de color blanco, y todo se refleja, hay mucha más luz, y parece que todo va mejor.
Pero bueno, al final intentas continuar con tu vida y además de trabajar, pues hacer cosas y llenar la tarde, no es tan fácil, te puede entrar tristeza. Hay que tomar vitaminas.

¿Por la falta de luz?
—Sí, vitamina D, aquí la gente la toma, todo el mundo. Cuando llegué pensaba ¿vitaminas? ¿para qué?, pero ahora las tomo Ahora lo del sol ya lo he asumido y ni lo pienso. Ahora mismo lo que más echo de menos es a mi familia, me da pena no ver a mis hermanos crecer y esas cosas, es lo que da más añoranza.

¿Volverá entonces?
—Me quedo aquí hasta junio y luego me iré a buscar otra aventura.