Un establo de vacas en una finca de Menorca. El estiércol recogido en fosas se utiliza por muchas granjas como fertilizante. | Javier Coll

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Menorca producirá este año unas 15.000 toneladas de residuos biodegradables que son susceptibles de convertirse en un combustible limpio, el biogás. Esos residuos, formados por subproductos cárnicos, lácticos, de pescado, fangos tratados de estaciones depuradoras, materia orgánica seleccionada en origen y los purines y el estiércol procedentes de las granjas, alcanzarán en 2025 las 26.000 toneladas, que procesadas en una planta de biogás generarían una energía de 1.526,3 tep (tonelada equivalente de petróleo) anuales. Dicho de otro modo, gracias al gas producido por la descomposición anaeróbica (sin oxígeno) de la basura bio se lograría energía sin tener que consumir esas más de mil quinientas toneladas de combustible fósil.

Estas son las estimaciones que maneja el departamento de Medio Ambiente y Reserva de Biosfera del Consell, que empezó a considerar la construcción de la planta de biogás solo para eliminar los residuos cárnicos -a raíz del problema para eliminar los desechos de los mataderos-, pero que ahora ha ampliado el foco y busca desarrollar un proyecto más ambicioso, que realmente cierre el ciclo de los residuos biodegradables y que estos se conviertan de nuevo en recursos: energía limpia y compuesto fertilizante de calidad.

De momento el Consell dispone ya del inventario de biorresiduos de la Isla, cuántos son y dónde se generan, así como la posibilidad de recogerlos y luego transformarlos en la planta, cuya capacidad y coste económico está por decidir. En marzo se espera contar con una aproximación del diseño. «Pensamos en una planta modular, que empiece con una capacidad pero que pueda crecer, a medida que se mejora en la recogida de materia orgánica», explica Irene Estaún, directora insular de Reserva de Biosfera.

Lo que está claro es que es una prioridad para el equipo de gobierno. La fase de evaluación e inventario ha concluido, comienza ahora la del estudio económico y «el objetivo es que este año el proyecto quede definido, incluso a nivel ejecutivo», asegura Miquel Truyol, director insular de Medio Rural y Marino y más próximo a todo el trabajo relacionado con el campo y los restos que genera la actividad ganadera y cárnica.

Sin embargo, pese al gran potencial de la actividad ganadera, por toda la materia prima que se genera (71,81 por ciento de los biorresiduos), su accesibilidad se reduce al 54,6 por ciento y su importancia en cuanto a potencial disponible al 20,46 por ciento. Esto es debido a las prácticas de gestión de las fincas de estas deyecciones (purines y estiércol), en muchos casos esos restos se emplean como fertilizante en los cultivos de las propias explotaciones agrícolas: bien porque son esparcidos por los propios animales durante el pastoreo o porque se almacenan en fosas y estercoleros para distribuirlos después por los terrenos. Solo las granjas que tienen excedentes y con accesibilidad entrarían en el círculo de la generación de recursos. Tampoco el peso de los subproductos cárnicos es tan elevado como se pensaba, llegando este año a una producción de cerca de 500 toneladas.

Para el uso de todos estos residuos biodegradables en la futura planta «hay que hacer una receta», ilustra el director insular Miquel Truyol, es decir, se incorporan al proceso unas determinadas cantidades de cada residuo. Este inventario de los biorresiduos, elaborado por un consultor ambiental y energético, «permitirá dimensionar la planta de biogás», señala Truyol.