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70 euros la noche por dormir del 12 al 18 de agosto en un colchón hinchable dentro de una pequeña furgoneta. Es uno de los últimos anuncios que se ha incorporado a la oferta menorquina del popular portal de alquiler turístico Airbnb, donde no solo se sigue dando cabida a una abundante oferta sin licencia turística y por ende ilegal, sino que junto a otros portales, pone a disposición de los visitantes alojamientos muy alejados de los estándares de calidad que persigue el destino, y a precios que en algunos casos muy poco tienen que ver con el concepto low cost.

Otro ejemplo. Furgón de dos metros y medio de alto y cuatro metros de largo con capacidad para cuatro personas (dos literas) en «habitación compartida» por la friolera de 110 euros la noche, tarifas propias de un hotel de tres estrellas reservado con un poco de antelación. Son alojamientos que todavía están disponibles para las fechas punta del mes de agosto entre una amplia oferta. Hasta 23 alojamientos en vehículos están actualmente activos en Airbnb y para las fechas de mayor demanda solo quedan disponibles tres, lo que muestra el nivel de aceptación que tienen en el mercado este tipo de plazas turísticas sui generis.

Más ejemplos. Una vieja y pequeña furgoneta con un colchón de matrimonio se alquila por periodos mínimos de 15 días a un precio de 36 euros la noche. El anfitrión en este caso busca desmarcarse de la competencia ofreciendo servicios extras como el desayuno. La estancia sí que resulta en este caso mucho más económica. Dos personas que quieran pasar 15 días de agosto en este vehículo con «aseo compartido» pagarán 547 euros con un descuento promocional aplicado del 30 por ciento.

El endurecimiento de la normativa de alquiler turístico, con multas que pueden alcanzar los 400.000 euros por anunciarse sin licencia, no parece que esté teniendo un efecto disuasivo entre muchos propietarios que se lanzan sin rubor al negocio turístico no ya sin contar con el pertinente número de licencia, sino con alojamientos que ni en los escenarios normativos más permisivos podrían llegar a contar con licencia de actividad.

Otro ejemplo. Un propietario ofrece una «habitación privada» en su finca con piscina en una zona boscosa de aspecto paradisíaco. El problema –o no– es que esa habitación privada es una roulotte sin vehículo «totalmente renovada» por 58 euros la noche. En este caso la disponibilidad en temporada alta es mínima y el anfitrión es considerado un «superhost» por la larga experiencia alquilando en Airbnb y por las buenas valoraciones recibidas.

Las principales plataformas de alquiler vacacional ofrecen al viajero una variada oferta de alojamientos que van desde habitaciones de hotel, un sector que está recurriendo cada vez más a este tipo de canales de comercialización, embarcaciones y villas de lujo por miles de euros la noche, hasta camastros dentro de vehículos matriculados hace bastante más de una década, pasando por habitaciones individuales y pisos en pleno centro de las ciudades, donde no se expiden nuevos permiso para alquilar a turistas. Cada uno tiene su público y la demanda es tan alta en temporada alta que la oferta, de toda tipología, escasea.