Se estima que el 30 por ciento de los alimentos producidos anualmente en el mundo no llegan a ser ingeridos. | Josep Bagur Gomila

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«Un sistema alimentario más sostenible, justo y acorde con la salud planetaria». Ese es, a juicio de la nutricionista menorquina Noemí García, el objetivo que hay que perseguir y al que aporta su grano de arena como autora de la «Guía de medidas para prevenir y reducir el desperdicio alimentario», documento presentado ayer por el Consell insular. Se trata de un trabajo escrito desde la perspectiva de Menorca, con el sello de la distinción de Reserva de Biosfera como bandera, pero cuyas recomendaciones son perfectamente extrapolables a nivel mundial.

El punto de partida ante un panorama en el que «aún queda mucho camino por recorrer», advierte la nutricionista, en «un contexto internacional en el que se nos está metiendo un poco de prisa» para que se tomen medidas de prevención que reduzcan el desperdicio alimentario y así cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de la ONU.

Las cifras son demoledoras, tal y como explicó ayer García durante la presentación. «El problema es de tal magnitud que cuesta visualizarlo», alerta. Y es que según los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a nivel mundial cada año desperdiciamos hasta una tercera parte de los alimentos que se han producido para el consumo humano», recuerda. Las estadísticas recogen que en Menorca el pasado año se desperdiciaron 11.800 toneladas. Mientras tanto, se calcula que cerca de 820 millones de personas padecen hambre cada día.

La edición de la guía obedece a una estrategia del Consell insular, que en 2017 ya se adhirió al Pacto de Milán sobre política alimentaria. Un declaración de intenciones que tuvo continuidad con la redacción de una estrategia alimentaria y un Estudio de Flujos Alimentarios que ha servido como base para el trabajo recién presentado.

La situación que se está viviendo actualmente genera, según la autora, un debate que no solamente hay que medir en términos económicos, sino también en términos éticos, medioambientales y sociales. «Desaprovechar los alimentos que ya se han producido supone, además de un conflicto ético, un alto coste ambiental. El proceso de producción, almacenamiento y transporte deja una huella ecológica importante. Cuando se tira la comida. también se desperdician los recursos destinados a su producción», se recuerda en la guía.

Las estadísticas apuntan también a que el 40 por ciento del volumen de desperdicios alimentarios se concentra en el espacio doméstico, pero en ese sentido la autora del trabajo prefiere hablar de una «responsabilidad compartida, y no solo en el consumidor final».

Es por ello que los consejos, en formato de decálogo, están pensados para áreas diferentes: los sectores de producción, comercial, Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), las colectividades y el ámbito doméstico. «Todos somos parte del problema y todos tenemos que ser parte de la solución», resume García.

La presentación contó también con la participación de Isabelle Le Gallo, directora de la Fundación Daniel & Nina Carasso, que se ha ocupado de ofrecer soporte técnico al Consell para la edición de la guía. La experta declaró que el proyecto menorquín, inédito por su vinculación a la Reserva de Biosfera, «servirá de inspiración para muchos otros». Por su parte, la consellera de Medio Ambiente, Maite Salord, añadió en ese sentido que «Menorca ha querido ser un ejemplo de acciones dirigidas hacia una alimentación saludable y sostenible».