Imagen de finales de    mayo con los primeros turistas de la temporada todavía en tiempo de restricciones covid. | Gemma Andreu

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La tercera parte de los hoteles de playa mantendrá la actividad hasta finales de octubre, algunos ya han cerrado y otros lo harán a lo largo de esta semana, pasado el puente del Pilar. La voluntad de alargar la temporada choca con la realidad de una afluencia que ha perdido fuelle desde los últimos días de septiembre.   

El mercado británico sigue marcando el ritmo turístico, a pesar del pinchazo que ha registrado esta temporada. «No ha cubierto las expectativas que se abrieron con la apertura del semáforo a finales de junio. Ha venido el 50 por ciento de lo que esperábamos», explica Luis Pablo Casals, presidente de Ashome.

Los hoteles que aguantan hasta final de octubre tienen su razón en ese mercado, por disponer de contratos con operadores garantizados. La última semana    es tiempo de vacaciones escolares en Reino Unido, la semana blanca para ellos, y las familias pueden salir de vacaciones.

Hace ya una década que los padres no pueden llevarse a los niños de vacaciones en tiempo lectivo salvo pena de ser multados. Así y todo, esos contratos no llevarán la ocupación estimada más allá del 50 por ciento.   

Los establecimientos que no disponen de reservas para mantener la actividad en estas dos semanas intermedias de octubre aprovechan para dar las vacaciones al personal, recoger y preparar la próxima temporada tal como marca el calendario de la estacionalidad turística.

El Artiem Carlos, que fue el primero en abrir, es la excepción por cuanto seguirá abierto a causa de las reservas de que dispone hasta el 15 de noviembre.

Los establecimientos que han compensado la caída británica con los mercados alemán y francés, además del nacional, han perdido demanda después de agosto y muchos de ellos han cerrado incluso al finalizar septiembre.

Gran parte de la oferta de restauración y comercial de las urbanizaciones, que acompasa su periodo de apertura al de los hoteles, también ha comenzado a echar el cierre, un indicador claro    de que se apaga el movimiento estival. Sin turistas en el entorno, no hay negocio.     

Después del verano de 2020, que resultó perdido para los hoteles turísticos de costa, la mayor parte de los cuales estuvieron cerrados, y el actual, que los empresarios califican de transición a la vista de los resultados obtenidos, confían en que 2022 sea el de la recuperación de la normalidad. «Digamos    que ahora estamos en el postoperatorio», apunta Casals recurriendo a la metáfora sanitaria.

El ritmo de las reservas para entonces, particularmente en el mercado clave del Reino Unido, es la base del moderado optimismo con el que lo afrontan. Muchas de las reservas aplazadas el año pasado han sido trasladadas al próximo después de que este año el verano comenzara todavía con incertidumbre a causa del coronavirus.       

Contratación

Los hoteles reaccionaron a esa situación introduciendo más facilidades a la contratación directa ante la menor aportación de los turoperadores. El cliente más que nunca ha contratado su propio paquete vacacional aprovechando la flexibilidad aplicada por los hoteles.

En la mayoría de los casos se han permitido las cancelaciones con 24 o 48 horas de antelación sin penalización.