Imagen de uno de los cachalotes avistados en aguas de la costa norte de la Isla por los responsables del proyecto | Tursiops

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Tursiops, entidad creada en 1998 con el fin de colaborar en la conservación y protección de los cetáceos, ha dado por finalizada la campaña Moby Mummy 2021 y los resultados son esperanzadores. Tras tres temporadas recogiendo información en aguas del norte de Menorca, los datos obtenidos este año indican «que nos encontramos en una zona que puede ser clave para la población del cachalote mediterráneo».

Así lo afirma Txema Brotons, fundador y director científico de Tursiops, quien explica que el reciente estudio constata «una alta presencia de la especie en el área». Estamos hablando de unas tasas que «superan ampliamente» las encontradas alrededor de Balears. Durante los últimos años únicamente se han avistado grupos sociales, es decir, hembras con subadultos y crías, y «el porcentaje de estas últimas sugiere que la zona se está empleando como guardería», señala. Es por ello que considera que «trabajar en aras de su protección es algo urgente».

Durante la primera quincena del mes de julio el barco de investigación de Tursiops, el velero «Irifi», recorrió un total de 840 millas en busca y seguimiento de cachalotes en aguas del norte de Menorca. A pesar de que la expedición se enfrentó a una meteorología adversa y a un sonar militar que ahuyenta la presencia de cetáceos, en solo cuatro días de avistamientos el equipo pudo observar un total de tres grupos sociales de cachalotes, sumando 20 individuos, de los cuales tres eran crías.

Esta tercera edición del proyecto ha contado con el soporte de Menorca Preservation; la Fundación Ocean Born, organización que tiene como fin crear nuevas fuentes de ingresos que combatan el cambio climático centrándose en la salud de los océanos; el Ayuntamiento de Maó, el Consell Insular de Menorca, la Fundació Marilles y la Fundación Banco Santander.

Carolina Manhusen, presidenta de Ocean Born, señala que la investigación ha demostrado que «el área en cuestión es una guardería para los cachalotes del Mediterráneo». Información que considera clave para entender lo que está sucediendo en esas aguas y la importancia de que sea certificada como área de cría. «Solo así podremos proteger la vida marítima que reside en el norte de Menorca», señala Manhusen, quien no esconde su preocupación por «las importantes cuestiones que plantea el informe sobre la contaminación acústica».

El objetivo de la investigación es la obtención de datos básicos para la posible creación de áreas marinas protegidas que favorezcan la reproducción y preservación del cachalote. Esta especie, común en el Mediterráneo occidental, se ha visto muy perjudicada, relatan los expertos, por la pesca ilegal por redes de deriva. Estudios recientes estiman un tamaño de población máximo de 1.000 animales.

Suelen frecuentar la isóbata de los 1.000 metros, por lo que es poco habitual verlos cerca de la costa. Las largas inmersiones hacen difícil el avistamiento y su localización es acústica mediante hidrófonos. Los datos obtenidos tras casi 20 años de estudios desarrollados por Tursiops indican que el mar Balear podría jugar un papel muy importante en la ecología de esta especie del Mediterráneo.