La diferencia de peso y de calibre de los fuegos hará que estos sean más simples este año en  los municipios de la Isla | Josep Bagur Gomila

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No hay instalación en la Isla que reúna las condiciones de seguridad exigidas para almacenar los fuegos artificiales, elemento presente de enorme tradición en todas las fiestas patronales de las localidades de la Isla, antes de su detonación. Este será el motivo por el que los menorquines vamos a tener que conformarnos este año con una pirotecnia de lo más sencilla como colofón a las celebraciones en cada municipio.

La aplicación progresiva del Real Decreto 989/2015 que contempla el Reglamento de Artículos Pirotécnicos y Cartuchería, marca que los fuegos solo pueden permanecer 14 horas en el lugar donde van a ser lanzados, salvo que se disponga de un polvorín que cumpla los requisitos para su almacenamiento. En 2019 la mediación del Consell permitió un permiso extraordinario para utilizar una de las galerías de San Felipe donde el fabricante pudo guardar el material y solo precisó realizar tres viajes para cubrir todas las fiestas patronales de Menorca.

Esa solución transitoria no se ha podido prolongar pese a que el Consell ha vuelto a solicitar una autorización especial que no le ha sido otorgada por la Guardia Civil, única autoridad en el traslado desde Valencia, sede del fabricante, a la Isla. Almacenar la pirotécnica y limitar el complejo y costoso desplazamiento a dos o tres viajes permitía mantener el material que proporciona unos fuegos espectaculares y ahorrar los costes. Si estos se hacen cada semana para que no estén más de 14 horas en el lugar donde van a ser lanzados se elevan a unos 6.000 euros por cada viaje para cumplir la reglamentación y normas de seguridad.

La solución para este año, una vez que los Ayuntamientos decidieron que sí se recuperarían las fiestas patronales, de acuerdo con el fabricante Pirotecnia Lluch, de Sagunto, ha sido la de adquirir los denominados fuegos jardín, mucho más simples, ligeros y sencillos que los habituales.

Menos kilos, menos calibre

Si los fuegos que se detonaban desde siempre tienen un peso habitual de entre 60 y 70 kilos, los que se detonarán este año están entre 8 y 9 kilos.

La diferencia, explica el responsable de la empresa, Juan Miguel Lluch, está en el calibre de los fuegos que pasa de entre 100 y 150 milímetros a 30, lo que da una idea del descenso de nivel. Ese mismo descenso supone un desplazamiento mucho más sencillo y con muchos menos requisitos de seguridad, aunque la carga también debe ser revisada por la Guardia Civil.

Como contrapartida, al ser unos fuegos más simples también lo son mucho menos peligrosos. Se pueden lanzar en plazas abiertas con una distancia de seguridad de entre 15 y 25 metros. Ciutadella recuperará así los fuegos en la Plaça des Born, donde dejaron de lanzarse a principios de siglo, y otras localidades de la Isla también podrían optar por cambiar la localización y devolverlos a lugares más céntricos.

«Los fuegos jardín son más sencillos, claro, pero yo pienso que pueden ser más bonitos y la gente puede estar más encima para verlos mejor», explica el fabricante. No subirán tan arriba ni realizarán figuras espectaculares, «pero tienen mucha continuidad e intermitencia lumínica y mucha combinación de colores». Además su duración será sensiblemente inferior y no irá más allá de los 8 minutos en cada municipio según el material contratado.

Como no podía ser de otro modo, su coste también es sensiblemente inferior a los anteriores. Los de Ciutadella tienen un precio de 2.500 euros a los que hay que sumar otros 2.000 euros de gastos de transporte. Antes de la última crisis, en 2011, recordaba Lluch hace tres años, llegaban a transportar a Menorca unos 1.000 kilos de pirotecnia cada verano con un coste de unos 140.000 euros, suma que se redujo a la mitad en la última década.