Anastasia Gutiérrez, entre los brazos de sus padres tras ser adoptada.

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Anastasia Gutiérrez tenía tres años y medio cuando, después de ser adoptada en un orfanato de Rusia, llegó a Menorca. «No tengo demasiados recuerdos, pero siempre hemos hablado abiertamente de mi adopción, es muy importante para nosotros tener libertad y confianza para conocer mis raíces», aclara. Aun así, reconoce que durante la adaptación y adolescencia tanto ella como sus padres no se sintieron comprendidos. «Hay mucho desconocimiento sobre la adopción, me siguen haciendo las mismas preguntas 20 años después», comenta Anastasia.

Durante muchos años, escuchó y atendió comentarios sobre su adopción en su entorno. «Al final me preparé una carta de presentación que vomitaba justo cuando me preguntaban», explica entre risas. Sobre esto reflexiona que «tanto las personas que hemos sido adoptadas como nuestras familias somos un colectivo más al que no se ha dado voz y hace falta mucha especialización para que se conozcan y atiendan nuestras realidades y nuestras necesidades».

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El proceso de adopción fue un camino lento que, cuando se completó con la asignación, relata su madre, Ascensión Pardina, «se convirtió en un cuento de hadas, repleto de ilusión y emocionalmente desbordante, la mayor experiencia de nuestra vida». Tras más de dos años de trámites, el encuentro se produjo y, desde entonces, todo fueron aprendizajes. «Le leíamos cuentos en castellano y catalán, el idioma no fue un problema», revela Ascensión.

Resalta que Anastasia, como el resto de menores en situación de adoptabilidad «tuvo una infancia dura, una herida profunda que provoca comportamientos para los que a nosotros, los padres, no se nos prepara». Buscaron ayuda y no la encontraron en Menorca. «En el ámbito educativo tampoco sabían como gestionar la situación, tuvimos que ejercer mucha presión para que se tuviera en cuenta la educación emocional», declara.

Ahora, madre e hija velan porque las personas adoptadas puedan crear una especie de red para compartir sus historias y sentirse seguras. Sobre los mitos y prejuicios que circulan alrededor de los procesos de adopción, ambas lo tienen claro. «Es un reto, pero el amor siempre está presente, aprendes qué es el amor incondicional». Comparten, también, «que no tiene sentido forzar la creación de personas mediante técnicas poco humanas, cuando ya existen muchísimos menores en situaciones de necesidad a los que se puede ayudar para sacar el diamante que llevan dentro y que hay que ir puliendo, poco a poco, para sacar todo el brillo».