El acusado, Aditya Verma, junto a la traductora, durante el juicio celebrado este lunes en la Audiencia Nacional. | EFE/B. SÁNCHEZ-TRILLO

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Aditya Verma, el joven británico que escribió en la red social Snapchat «De camino a volar el avión, soy miembro de los talibanes» antes de subirse a un vuelo de Easyjet con destino a Menorca, reconoció este lunes los hechos, durante el juicio celebrado en la Audiencia Nacional, pero aseguró que nunca pensó que el mensaje se haría público y dijo que «no quería causar un daño público ni movilizar servicios».

Vestido con una sudadera y zapatillas deportivas, acompañado de una traductora, ya que se dirigió al juez y a los letrados en inglés, y aparentemente tranquilo, insistió en que su mensaje era una broma que colgó (era una foto de sí mismo con el texto) en un grupo privado de Snapchat, del que solo forman parte él mismo y otros seis amigos, y que subieron al avión con destino a Menorca «tranquilos, sin imaginar lo que iba a suceder», ya que fue arrestado de inmediato al tomar tierra en la Isla.

Este estudiante universitario, que fue detenido el 3 de julio de 2022 tras la alarma terrorista que generó su mensaje, se enfrenta a una condena penal, acusado de un presunto delito de desórdenes públicos con afectación a la seguridad nacional, y al pago de una indemnización por responsabilidad civil de 94.782 euros; ese es el coste acreditado por el Ministerio de Defensa del despegue de la base aérea de Zaragoza del caza F18 que escoltó el avión comercial presuntamente amenazado.

Además, el fiscal, que interrogó al joven sobre qué finalidad tenía su broma y si no esperaba que la gente se sintiera atemorizada por su amenaza, solicita una multa durante 15 meses a razón de 50 euros diarios por el coste del despliegue de medios que causó una publicación que, en todo momento el acusado admitió, pero siempre creyendo que quedaba en el ámbito privado.

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Precisamente, la defensa de Aditya Verma, cuya abogada pide para él la libre absolución, se basó en esa supuesta vulneración de la intimidad y del secreto de las comunicaciones, y afirmó que las vacaciones del joven se convirtieron en una «pesadilla» al ser «víctima de su propia broma». La letrada sostuvo que la amenaza no era creíble «porque ellos mismos se subieron al avión».

El origen de la broma

Sobre el origen de esa broma pesada, el acusado, y también uno de sus amigos que testificó ante el juez, señalaron que por el color de su piel y sus rasgos indios, en el colegio le habían hecho siempre bromas relacionadas con el terrorismo. También recordó que cuando vio el caza que escoltó el avión no lo asoció a su mensaje, sino que pensó que era algún tipo de ejercicio militar debido a la guerra de Ucrania.

En el juicio se ha puesto de manifiesto lo complejo de este caso, ya que el mensaje del joven fue captado en el aeropuerto de Gatwick, Reino Unido, el avión atravesó espacio aéreo francés y finalmente se juzga en España porque es donde tomó tierra. El tribunal debe dictaminar dónde se produjo el presunto delito y también decidir sobre cómo trascendió el mensaje publicado en un grupo privado de Snapchat, algo que no han llegado a aclarar las pruebas periciales.

El fiscal Pedro Rubira acusa al joven de una de las variantes de desórdenes públicos: «Quien afirme falsamente o simule una situación de peligro para la comunidad o la producción de un siniestro a consecuencia del cual es necesario prestar auxilio a otro, y con ello provoque la movilización de los servicios de policía, asistencia o salvamento, será castigado con la pena de prisión de tres meses y un día a un año o multa de tres a dieciocho meses». El juicio de lo sucedido en julio de 2022 en el vuelo entre Londres y Menorca quedó este lunes visto para sentencia.

Las periciales no aclararon cómo se interceptó el texto en Gatwick

Los servicios de seguridad británicos no explicaron, según el testimonio de los peritos, cómo captaron el mensaje que colgó el joven en la red social. El acusado declaró que ninguno de sus amigos lo compartió, «no me llegó ninguna notificación de la aplicación», y que utilizó sus propios datos del teléfono móvil para enviar la foto y el texto, aunque también admitió que no sabía si alguno de sus amigos utilizaba la red wi-fi del aeropuerto de Gatwick, una posible vía de captación del mensaje. El abogado del Estado recordó que aceptar los términos y condiciones de uso de una red pública de wi-fi permite que los datos enviados sean objeto de control. La defensa de Verma afirmó que se trata de una violación del derecho a la libertad y la intimidad y al secreto de las comunicaciones, y que la responsabilidad civil debería recaer sobre el gobierno británico.

Las claves
  1. Un viaje para celebrar la graduación que acabó en los calabozos

    El acusado tenía 18 años. Tal y como relató ante el juez, él y sus amigos viajaban a España para disfrutar del buen tiempo y relajarse después de los exámenes. La ‘broma’ truncó sus vacaciones y el estudiante acabó detenido. Pagó una fianza de 10.000 € para salir del calabozo.

  2. Interrogado por los servicios de inteligencia a su regreso a Londres

    Según los medios británicos, cuando Verma regresó a su país fue interrogado durante dos horas por agentes del MI6 y MI5 (servicios de seguridad y de inteligencia) sobre sus puntos de vista acerca de los conflictos en Irak y Afganistán antes de poder volver a su casa.

  3. En su móvil no hallaron conversaciones sobre radicalización islamista

    Los informes periciales desvelaron que no había conversaciones sobre yihadismo o radicalización islamista en su teléfono móvil. Los agentes españoles afirmaron haber actuado por cadena de mando, tras la alerta lanzada por las autoridades británicas y francesas.