Los erizos de mar cotizan al alza por el aumento de la demanda en el extranjero. | Efe

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El erizo de mar no tiene mercado. Al menos en Menorca. Mientras que en otras zonas del Mediterráneo se está explotando al máximo su captura, en la Isla no hay ningún mariscador que se dedique a ello. En Sicilia, tal y como acaba de publicar el tabloide británico «The Guardian», el erizo de mar ha alcanzado tal demanda que está en peligro de extinción. El problema reside en la popularidad que han alcanzado sus cualidades organolépticas y sus altos valores nutricionales. Los comensales de los restaurantes sicilianos se quedan boquiabiertos cuando prueban los espaguetis con erizo de mar, el plato estrella de la isla italiana.

Llegando a servir hasta 40 raciones al día en algunos de estos establecimientos, cientos de mariscadores sin licencia han encontrado una auténtica mina de oro en este manjar marino. Teniendo en cuenta que, según la Universidad de Palermo, tan solo doce mariscadores comercializan este producto con su correspondiente licencia, los investigadores afirman que la única forma de prevenir la desaparición de los erizos de mar es prohibiendo su captura durante un mínimo de tres años.

Temporada muy corta

En Menorca se pueden hallar dos especies diferentes de estos equinoideos: la Sphaerechinus granularis, de color púrpura o blanco y espinas cortas y ordenadas, y la Paracentrotus lividus, la más común en las aguas de la Isla. Presenta un tono más oscuro y menos púas que la anterior, pero estas pueden llegar a ser tan largas como el diámetro del caparazón.

Antes abundaban en las zonas de Cala Llonga y Sant Felip en Maó, pero el cambio de temperaturas ha trastocado su hábitat.  | Joan Morro.

La época actual, en la que la temperatura del mar desciende hasta su punto más bajo, es el momento ideal para su captura en varios puntos de la geografía española. Aunque en Menorca se abra la veda entre noviembre y marzo en toda la costa este, incluido el puerto de Maó, realmente la temporada de captura «solo se puede empezar a partir de enero», momento en el que aparecen en el mar. El mariscador Manel Cabrera habla con conocimiento de causa, ya que vendía los erizos de mar que obtenía a una empresa catalana hasta 2019. «Realmente se comprimía todo el trabajo en apenas un mes. Era un sobreesfuerzo que no podía mantener», explica Cabrera.

Y es que solo podía faenar hasta marzo, ya que entre abril y octubre está terminantemente prohibido. Así pues, tan solo los pescadores profesionales pueden recoger bogamarins. De hecho, Menorca ronda las diez licencias para la pesca de este organismo, una cifra similar a la de Sicilia, la isla más grande del Mediterráneo con cinco millones de habitantes y 1.500 kilómetros de costa, siete veces más que el litoral menorquín, por lo que no parece proporcional.

Producto de importación

Pese a que el marisqueo profesional de erizos de mar ha de tener lugar dentro del ámbito territorial de la cofradía de pescadores a la cual se pertenece, esto no es problema para los mariscadores menorquines. Desde dichos colectivos aseguran que hace años que nadie captura erizos de mar, siendo el de Manel Cabrera uno de los últimos ejemplos. La nula demanda a la par que la estricta normativa reguladora son las principales causas de que esta actividad se haya extinguido prácticamente por completo.

Los erizos de mar o bogamarins, como se conocen comúnmente en la Isla, se pueden hallar entre las rocas de las calas. | Joan Morro.

Ya queda lejos el año 2010, cuando el kilo de erizo menorquín costaba alrededor de 3,50 euros. No obstante, hace trece años su venta ya estaba reservada de forma casi exclusiva al exterior. En febrero de 2016, su actividad quedó suspendida al detectarse en una muestra niveles de plomo superiores a los permitidos en dichos animales. Ya en noviembre, este metal descendió a unos valores más normales y la veda se abrió.

En la actualidad, el mercado de bogamarins en la Isla está extinto. Si un particular desea adquirir este producto, debe realizar auténticos malabarismos. Desde las cofradías aseguran que el único género existente en Menorca es congelado o importado desde el extranjero.