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Los residuos que contienen una bolsa de basura son como una radiografía de su dueño (o de una familia). Es como una caja fuerte desechable que contiene los secretos de un día. Eso lo saben bien gente como, por ejemplo, el teniente Horatio Caine de CSI Miami cuando investiga un suceso.

Hace años el personal tiraba la basura a mogollón. La bolsa se dejaba en la calle y si te he visto no me acuerdo. Por otra parte, en barrancos o en el campo te podías encontrar fácilmente una lavadora o un televisor. Poco a poco la cosa se fue regulando y se extendió la cultura del reciclaje. Así, el paisaje urbano se fue poblando de contenedores de mil colores. Y todo converge en Milà, una zona que va acumulando montañas de residuos reciclados y en permanente expansión.

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Sin entrar en el tema de si el vertedero está en la mejor ubicación, cabe decir que nada ni nadie es perfecto. De hecho, la cadena chirría partiendo de la base de que los ciudadanos no cumplimos con el baile «vidrio aquí papel allá...». Ahora resulta que s'operació ha anat bé però madona és morta. Vamos, que el compost es inservible por una mala separación de residuos. Un absurdo más en una Isla que es Reserva de la Biosfera y que quiere ser también Patrimonio de la Humanidad.

Últimamente acumulamos demasiados despropósitos. Una planta de compostaje que funciona a medias, una desalinizadora que está más triste que un torero al otro lado del telón de acero, depuradoras que no arrancan, un recinto ferial en Maó aburrido (dos ferias profesionales en 2013), un dique que no resiste los temporales como debiera... La lista es larga y la pregunta es ¿cuánto dinero se ha malgastado?

Volviendo al principio, los residuos, necesitamos urgentemente un Don Limpio que ponga orden para poder pasar la prueba del algodón.