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Nuestros compañeros (y amigos) del departamento de maquetación de «Es Diari» suelen poner un texto falso en las páginas que los periodistas o columnistas tenemos que rellenar. De esta manera, nos marcan el territorio del cuerpo, tamaño y estilo de las palabras. Un ejemplo típico es recurrir a un clásico como el Lorem ipsum dolor... Pero hay variantes para todos los gustos. Pero vayamos al grano. Un día me encontré como titular «El valor del silencio». No sé si era de un artículo anterior o una referencia bibliográfica, pero me gustó. Ayer lo recordé cuando Pedro J. Bosch agradecía el merecido homenaje que le rindió Editorial Menorca por sus 50 años de colaboración ininterrumpida con este periódico. Bob dijo, entre otras cosas, que su paso por el Ateneu le había enseñado a escuchar y a valorar todas las opiniones que se vertían desde el respeto. La receta del médico/periodista es simple: Escuchar, formarse, reflexionar y luego hablar o escribir.

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En un tiempo en el que hay demasiado ruido, en el que todo el mundo opina de todo (pero no siempre con criterio) y que sabe de todo (la ignorancia es muy atrevida) hace falta más que nunca «El valor del silencio».

Lao-Tsé sentencia: «El hombre que sabe no habla, el hombre que habla no sabe», reivindicando que muchas veces es mejor mantener la boca callada. De charlatanes vamos sobrados. Lo que faltan son personas que tras el silencio dejen huella con su palabra.