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Edgar Morin no solo ha llegado a los cien años con la cabeza clara sino con el ánimo suficiente para escribir un nuevo libro y contarnos las Lecciones de un siglo de vida, que es así como se llama su nueva obra. Aunque ya había publicado unas memorias, el filósofo y sociólogo francés, nos cuenta en su última entrega algunos episodios de su vida política y sentimental como su militancia en la resistencia francesa, su entrada en el Partido Comunista y finalmente su rechazo del estalinismo, sin dejar de ser izquierda.

Pero de lo que nos habla sobre todo, el autor de la “Breve historia de la barbarie en Occidente” es de sus ideas, fundamentadas especialmente en su visión sobre la complejidad de la existencia humana a la que ha dedicado varias obras bajo el título de “El método”.

Morin inicia su libro detallando su identidad una y plural y defendiendo la necesidad de rechazar una identidad monolítica y reductora a fin de ampliar nuestra perspectiva vital.

“Cada uno de nosotros -dice- es un microcosmos que lleva dentro de la unidad irreductible de su yo, a menudo inconscientemente, los múltiples todos de los que forma parte en el seno del gran todo. Estos múltiples todos están constituidos por la diversidad de nuestras ascendencias familiares y de nuestras pertenencias sociales”

Reflexionando sobre el destino afirma que la suerte y la desgracia se generan mutuamente y señala que “la imprevisibilidad y la incomprensibilidad algorítmica no excluyen que el azar obedezca a unas determinaciones ocultas que tal vez dependan de realidades invisibles para nuestro entendimiento”. Apunta que la intuición podría en ocasiones prever lo imprevisto y expone un par de casos personales en los que el sexto sentido le salvó de situaciones críticas.

Cuenta sus aventuras de juventud en una comunidad en la que formaba parte la también escritora Marguerite Duras y defiende la necesidad de cultivar y llevar una vida poética.

“Lo que yo llamo estado poético -afirma- es ese estado de emoción ante lo que nos parece bello o amable, no solo en al arte, sino también en el mundo y en las experiencias de nuestras vidas, en nuestros encuentros”.

Hablando del ser humano señala que este se define por su multipolaridad que oscila entre sapiens, demens, faber mythologicus, economicus, ludens y liber. Cada persona tiene su propia combinación de estos factores que además no son fijos sino cambiantes. Además, forma parte de una trinidad compleja (individuos, sociedad, especie) que le determina pues “cada uno de los tres términos está dentro de los otros”.

Cuando reflexiona sobre la historia advierte que la perennidad del presente no existe ni tampoco el futuro es previsible. Cambian los países, las sociedades, los hombres y las mujeres, pero ninguna conquista histórica es irreversible.

Repasa Morin los aspectos ecológicos de su pensamiento, defiende un “humanismo regenerado” y nos habla de la necesidad de revisar permanentemente nuestros errores puesto que” el riesgo de error e ilusión es permanente en toda la vida humana”.

El sabio francés termina sus breves Lecciones un siglo de vida con un capítulo final de apenas cinco páginas en las que resume su credo y otras tres de aforismos.

Aboga Edgar Morin por la bondad y `proclama: “Mi lección última, fruto conjunto de todas mis experiencias, está en ese círculo virtuoso donde cooperan la razón abierta y la benevolencia amable”.

Lecciones de un siglo de vida

Edgar Morin

Editorial Paidós

Traducción de Núria Petit

115 páginas