Senior Man Doing Press Ups In Gym | Monkey Business Images

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Sobre la impotencia, la llamada más propiamente disfunción eréctil, no hemos hablado más que tangencialmente en relación con la enfermedad de Alzheimer («Es Diari» 01-2022), de uno de sus fármacos estrella, el sindenafilo (el popularmente conocido como «Viagra»), un vasodilatador vascular que de rebote y sin quererlo (se trató de un efecto secundario) a partir del 1998 hizo surgir el interés por esta entidad al descubrirse, posicionarse, como el primer fármaco efectivo en el tratamiento de la disfunción eréctil.

Y es que la incapacidad repetida de lograr o mantener una erección es una afección frecuente a partir de una cierta edad (25-40 % de los varones a partir de los 65 años) aunque intervienen muchos mecanismos; desde los efectos secundarios de ciertos medicamentos que se ingieren (antihipertensivos, antidepresivos...), causas vasculares (arteriosclerosis...), nerviosas (traumáticas, inflamatorias, neurodegenerativas); o mixtas como la que se da en la diabetes (35-50% de los pacientes varones con esta enfermedad), que puede ser nerviosa y vascular a la vez, y sin olvidar también las psicológicas (ansiedad anticipatoria, depresión, el miedo...).

Habida cuenta que la causa vascular es la más común (alrededor del 60%) los médicos de familia en lo primero que pensamos ante dicha consulta es de que se trata de un factor de riesgo cardiovascular oculto, de un indicador de la salud cardiovascular de la persona, que está dando la cara de una manera distinta y de ahí que intentemos a la vez que descartar otras manifestaciones más peligrosas (cardíacas, cerebrales, renales...) que afecten a la vida del individuo, tratar dicha patología.

De ahí que lo primero que recomendamos sea evitar el tabaco y el alcohol, controlar la hipertensión arterial con fármacos que no influyan en este trastorno y hacer una evaluación analítica de los lípidos (colesterol), glucosa, del funcionalismo renal, hepático, hormonal (tetosterona...)… E independientemente de los resultados recomendar un cambio en los estilos de vida, de menos sedentaria a aumentar el ejercicio físico, de reducir peso, de añadir una dieta saludable y suprimir los tóxicos (alcohol y tabaco)…

Es en el aspecto de la modificación de los estilos de vida el que más nos interesa y sobre el que no hay mucho publicado; sin embargo, una reciente revisión sistemática con metaanálisis publicada en Journal of Sexual Medicine por Mohit Khera et al ha estudiado los efectos del ejercicio aeróbico sobre la disfunción eréctil y los factores que pueden afectarla.

Para ello se analizaron los ensayos clínicos publicados hasta ahora que evaluaran los efectos del ejercicio sobre la función eréctil utilizando una escala al efecto, el «International Index of Erectile Function (IIEF-EF)», comparando individuos que practicaban o no ejercicio físico según la diferencia mostrada en este índice.

La puntuación de la IIEF-EF va de 6 a 30, cuanto más mayor es la puntuación indica mejor función eréctil.

En el análisis se incluyeron 11 ensayos clínicos, 1.100 varones; 600 en el grupo de intervención, o que dedicó 30-60 minutos de ejercicio físico diario 3 ó 5 veces a la semana, frente a 500 individuos como grupo control, o sin esta actividad.

Del análisis de estos se demostró que el ejercicio físico mejora de manera significativa la puntuación del IIEF-EF frente a los controles; mayores resultados en varones con menores valores de IIEF-EF al inicio; si bien es cierto que aquellos con una dificultad media en la erección serían los que más se beneficiarían del ejercico aeróbico.
Unas conclusiones que refuerzan los consejos que damos habitualmente a este tipo de individuos con este trastorno. Unas medidas no farmacológicas que mejorarían esta incapacidad con una intensidad semejante a los fármacos habitualmente utilizados y con la ventaja que con ello mejoramos a la vez el riesgo cardiovascular de estos individuos.

Otra cosa es llegar a afirmar, como comentan los autores en la discusión, que la realización de ejercicio físico durante 30 minutos tres veces a la semana sería tan efectivo como el viagra y sus derivados; algo que no es comparable, pues en un caso es una actividad mantenida y lo otro un fármaco ingerido en un momento determinado.

Los mecanismos por los que el ejercicio aeróbico regular sería efectivo en la disfunción eréctil tienen que ver con la mejorar la condición cardiovascular, nerviosa y hormonal.

En concreto al mejorar la presión arterial, reducir el hábito tabáquico, el peso y el control glucémico en aquellos varones con diabetes, ayudaría a este propósito; y en general aquellos cambios específicos a nivel de los vasos sanguíneos (sea arteriosclerosis, disfunción endotelial, óxido nítrico...) ayudarían al restablecimiento de esta función. Y a nivel hormonal el aumento de tetosterona por diversos mecanismos iría también en este sentido.

A su vez señalan que el ejercicio físico mejora la erección independientemente de la utilización de fármacos como los inhibidores de la 5-fosfodiesterasa (viagra...), o la tetosterona, para este propósito.

Interesantes conclusiones.