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Durante los últimos días se han registrado varios asaltos masivos de inmigrantes sobre la valla de Melilla, con nuevos episodios para rebasar la frontera española que también sufren la ciudad de Ceuta y las playas del sur de la península. En la última ocasión fue la policía marroquí quien detuvo más oleadas protagonizadas por subsaharianos, lo que evidenció su pasividad durante las primeras jornadas en las que los dispositivos de España fueron ampliamente desbordados.

La opinión pública española observa con creciente preocupación la incapacidad para resolver un problema que desde hace décadas se produce en Marruecos y Argelia, con miles de personas que huyen de difíciles condiciones de vida.
De manera cíclica se reproducen estas explosiones de desesperación, pero el problema no es exclusivo de España porque atañe al conjunto de la Unión Europea. Este flujo migratorio no se detentará mientras sus protagonistas no vislumbren una salida para ellos y sus familias. Europa debe intervenir en el origen: faltan planes de ayuda para evitar la inmigración ilegal. Se trata de ofrecer cooperación solidaria desde la UE a todas estas personas.