La caída del consumo interno motivado por la contracción del mercado local confirma el estancamiento de la economía menorquina, que no ha conseguido recuperar ni las cifras ni la actividad que se registraban antes de la crisis del 2008. Es cierto que influyen poderosamente los nuevos hábitos de consumo de la población en las grandes superficies, el cada vez mayor impacto de las ventas a través de Internet y la irrupcion de las franquicias, pero cada año crece la dependencia del comercio de la temporada turística.

Todo ello ha herido de muerte al comercio tradicional, tal como se expuso con toda claridad en la presentación del informe sobre «El consumo y el comercio de Maó en crisis (1995-2018)», redactado por Joan Sánchez Tuomala.

La bajada del consumo de la población de la isla no permite mantener abiertas durante todo el año las tiendas y establecimientos locales que sólo obtienen beneficios durante los tres meses centrales de la temporada. Ello provoca el cierre de numerosos comercios desde finales de octubre hasta abril.

Un escenario preocupante que reclama medidas y soluciones de difícil aplicación por la acusada estacionalidad turística.