La ‘nueva normalidad’ que empezará tras la salida a la emergencia sanitaria, social y económica de la pandemia se está retrasando por los contagios de la nueva variante ómicron. Y se complica por un escenario económico lastrado por la inflación, las tensiones en el transporte marítimo, el incremento de costes y precios, y una crisis mundial de suministros de materias primas y componentes industriales. Las empresas manufactureras sufren las presiones alcistas y el desabastecimiento de materiales imprescindibles, como los semiconductores.

Y el sector agrícola-ganadero, golpeado por unos costes desorbitados, lucha por la supervivencia. El encarecimiento de la energía, los fertilizantes y los piensos anula la mejora de los precios y acentúa el descontento general del sector. El 2022, que debía ser un año de recuperación, se presenta bajo el signo de la incertidumbre, con nuevos obstáculos. El último análisis del Banco de España concluye que los estrangulamientos en las cadenas de suministros han desacelerado la actividad industrial en la Unión Europea. El exministro Jordi Sevilla advierte que «lo único claramente expansivo en los presupuestos del 2022 será la fuerte inversión pública que pivota sobre los fondos Next Generation». Pero, ¿cuándo llegará y a qué sectores beneficiará esta inversión pública con los fondos de la Unión Europea?