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La ausencia de lluvias desde los primeros días de marzo y las malas previsiones para las próximas semanas dibujan un panorama sombrío para el campo. Las altas temperaturas de estos días, además, incrementan las amenazas sobre los cultivos de secano; algunos de las cuales ya se han adelantado para evitar pérdidas definitivas. Nada hace presagiar la llegada de frentes que aseguren precipitaciones para paliar la sequía. Con este panorama, se producirá la caída de la producción agrícola y ganadera, con repercusión en los mercados y una inevitable alza de los precios.

Con esta coyuntura, reducir la inflación en los productos de la alimentación, como viene anunciando el Gobierno, es una quimera. El bolsillo de los consumidores seguirá castigado sin remedio a corto y medio plazo. El imprevisible comportamiento de la meteorología no puede ser un pretexto para elaborar planes de contingencia en el caso de que se prolongue este episodio de sequía, tanto en lo que afecta a la agricultura como al abastecimiento de la población. Es el momento de actuar con medidas eficaces que garanticen el suministro de agua. Para ello cabe planificar, como aconsejan los expertos, una red de desaladoras, evitar las fugas y pérdidas en las redes municipales de suministro, y planificar las extracciones de los acuíferos para evitar su salinización.