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En épocas de gran escasez de acuerdos y consensos políticos, el ejemplo del proceso político que se vivió con el dique de Son Blanc debería ser un valor a conservar. Al margen de cómo se gestó ese acuerdo y de las circunstancias excepcionales de entonces, lo importante es el positivo resultado que se consiguió. Todos los partidos cedieron en algunas de las ideas e intereses que defendían. Los que se oponían a un proyecto de este tipo lo aceptaron y los que aspiraban a una infraestructura de mayor tamaño en otra ubicación también se amoldaron a una posición común. Ahora se plantea la oportunidad de modificar el proyecto para permitir el amarre de cruceros. Los estudios técnicos están avanzados y esa opción también parece compartida por la mayoría de partidos y de instituciones. Nadie discute que los aspectos relativos a la seguridad de las maniobras de los buques es el aspecto fundamental. Por tanto, ahora también sería positivo el acuerdo. El PP no ha de pretender apropiarse de un protagonismo que no le corresponde, mientras el PSOE ha de gestionar con rapidez el desarrollo de esta modificación del proyecto. El turismo de cruceros en Ciutadella es un factor de dinamización económica local que ha de contar con el compromiso de las instituciones.