TW
0

El domingo 14 de marzo se publicó un artículo en este diario bajo el título "El bilingüisme d'uns i d'altres" firmado por Acció Cultural de Menorca.

Una vez más me sentí conmovida por este problema que estamos creando entre todos, unos por hacer del idioma una bandera política y otros por pensar que no tiene importancia, que es un arrebato y que ya se pasará.

Mientras estamos en estas, unos que no quieren hablar más que en catalán, ¡catalán! que no menorquín como muchos creen que están abanderando, y otros que no entienden la importancia que llega a tener la postura de que una persona opte por defender hablar en su idioma materno, vamos perdiendo la riqueza y la gran oportunidad que esta tierra ha tenido siempre de ser bilingüe.

¿Y qué es bilingüe? Pues el bilingüismo es la capacidad de poder hablar y pensar en dos idiomas indistintamente, no sólo saber traducirlo mentalmente. Y el trilingüismo en tres y así sucesivamente.

Esta riqueza, que ha tenido históricamente el menorquín está hoy en día puesta en manos de la política, haciendo de ella un arma arrojadiza que no hace más que crear rivalidad y tensión entre la población.

Creo que el idioma es patrimonio de la cultura y no de la política. Considero que el idioma es una herramienta para poder comunicarnos con facilidad y que aún, hablando el mismo, la comunicación tiene muchas trampas. ¿Por qué nos empeñamos en hacerlo todo tan complicado?

Hablemos como nos salga de las entrañas pero no dejemos que las posturas políticas nos lleven a distanciarnos y a poner un muro entre nosotros. En una época se obligó a utilizar el castellano, hoy los mismos, que con razón, lucharon contra ello, imponen el idioma catalán. Y esta imposición se traduce en que ya muchos niños se sienten obligados y que muchos comercios se ven multados. Malo lo pasado, malo lo actual.

No defendamos posturas con tal de "ganar", ¿qué ganamos realmente? El totalitarismo imperialista ya pasó no dejemos ahora que otros tipos de totalitarismos, movidos por los intereses partidistas, nos hagan caer en los mismos errores.

Tenemos que aprender el catalán (por cierto con el vocabulario menorquín) si es eso lo que realmente estamos intentando salvar, y tenemos que aprender el castellano porque es un idioma común que hemos hablado todos, que nos une y que nos facilita relacionarnos con muchas personas, porque son muchas más las que lo hablan que el propio inglés. Es un idioma que nos acoge a todos, que nos da la oportunidad de acceder a más información a mejorar la comunicación y que, además, ya lo teníamos incorporado como algo fácil y natural. No se lo neguemos hoy a nuestros hijos, les pondremos una gran piedra en el camino.

Los alemanes lo tienen superado, tienen un montón de idiomas regionales, los cuales estudian y hablan pero todos, ¡todos! aprenden el alemán común para poder entenderse y para poder tener las mismas oportunidades.

No levantemos más muros ¡por favor! no queramos defender las posturas con razonamientos impropios como en una ocasión oí a una profesora justificar la falta de libros de texto en castellano en el colegio, delante de más de cincuenta padres y madres, asegurando que la gramática y la ortografía catalana y castellana son iguales.

Tenemos muchas cosas por las que trabajar en común, tenemos un mundo que curar, un futuro que mejorar. El enemigo no es el idioma en el que nos expresamos, el enemigo somos nosotros mismos, que nos empeñamos en hacer de todo una polémica.

No desempolvemos demasiados recuerdos históricos que con ellos se abrirá la Caja de Pandora. Miremos hacia adelante, construyamos, sin olvidar los errores históricos que nos hicieron padecer, muchos de ellos construidos en los posicionamientos inflexibles y categóricos.
Las costumbres las creamos nosotros, la historia la escribimos también nosotros.

Digámoslo como mejor nos salga pero intentando que el otro reciba el mensaje como mejor lo entienda, ¡ah! y sobretodo con afecto y consideración. Una sonrisa tampoco estaría mal.