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Hace bien en pedir disculpas el presidente de Unió Mallorquina, Josep Melià, "por todo el espectáculo" que se está dando en Balears, en clara referencia a los numerosos escándalos de corrupción que han ido estallado en los últimos tiempos. Utilizando sus propias palabras, la verdad es que los ciudadanos no nos meceremos nada de lo que "presuntamente" ha pasado por los enmoquetados despachos de algunos políticos.

Y también tiene razón cuando afirma que no se puede generalizar ni condenar a todo a un partido por el comportamiento de alguno de sus militantes. Correcto, creo que nadie piensa que todos los afiliados o cargos de UM, por ejemplo, son corruptos. Pero (¡ay!, siempre hay un pero) también es cierto que las formaciones políticas han de asumir su cuota de responsabilidad al no haber detectado, controlado o cortado de raíz los garbanzos negros que han ido saliendo como champiñones en el paisaje balear. Ahí es donde echo de menos las dosis necesarias de autocrítica. Las disculpas en general están bien, pero el pedir perdón por casos concretos está mejor.