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No me importa de dónde vienes, sino el largo camino que has recorrido hasta encontrarnos". Me fastidia tener que empezar mi artículo con una cita. Y más, si no es mía. Pero el Mundo, no me pesa reconocerlo, me ha soltado un sopapo de los que recibes con gusto. Estamos envueltos de un "yoismo" tan brutal que la teórica sociedad del consumo ha evolucionado en la sociedad del individuo bajo el lema "yo importo mucho más que tú". Algunos se han dado cuenta de ello y han empezado su particular guerra. Una guerra de abrazos, que desde estas líneas secundo, con una sonrisa por bandera.

He visto en un video en Internet a un individuo que se dedica a regalar abrazos. Sí, así de simple. Sale a la calle con un cartel que reza 'Free hugs', abrazos gratis. No me sorprende cómo al principio la gente lo ignora, lo mira con recelo, como si estuviera loco, como si la cosa no fuera con ellos. Me fastidia. Yo me pregunto, amigo lector, cuántas veces hemos deseado un abrazo cálido, sincero, sin ninguna otra intención más allá de encontrar un refugio, aunque sea momentáneo, para nuestros problemas. Un gesto, un detalle, un 'cómo estás' que se aparte de la senda individualista que, sin darnos cuenta, nos corroe cada día más y hace que las personas se vuelvan gente. Vacía e insípida. Huérfana de sentimientos.

Volviendo al vídeo, tras unos minutos que desesperan por la pasividad de la gente, en los que te dan ganas de enviar al mundo a tomar por saco, una adorable anciana se da cuenta de que lo único que el protagonista pide y a la vez ofrece es un abrazo. Rodear con sus brazos a alguien mientras ese alguien lo rodea a él. A partir de ahí se desencadena una reacción previsible. Todos quieren un abrazo que viene acompañado de una sonrisa sincera. Sé que estoy resultando reiterativo, pero es un detalle que sin requerir mucho esfuerzo, puede arreglarle el día a alguien.

Tener un mal día es algo habitual, por eso escondemos nuestros problemas detrás de una sonrisa a menudo forzada y de postín. Para todo aquel que me lea, que sepa que yo también tengo días malos, y que, me conozca o no, le invito a que si necesita un abrazo no haga más que venir y abrazarme. Salvemos, entre todos, a las personas. Y al Mundo.


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dgelabertpetrus@gmail.com