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En un colegio de Maó, al menos en uno, ponen música para avisar a docentes, alumnos y padres de que es la hora de entrar o de salir de las aulas. Es decir, la tradicional sirena se ha sustituido por melodías alegres que contribuyen, y con éxito, a dar vida al colegio en los dos momentos del día en que se concentra gran parte de su comunidad educativa. Más de uno incluso baila de forma comedida, otro tararea, en fin, una especie de fiesta fugaz. Es loable este intento por celebrar algo cada día cuando la situación de los colegios de Maó es cada vez más dramática. Ahora resulta que se van a crear dos grupos más de P3, cuando a las escuelas sólo les falta poner aulas sobre los tejados. Para la Conselleria de Educación el tema parece ser secundario. Demoran de forma eterna la construcción de un nuevo colegio en la ciudad y encima el conseller balear de la cosa tuvo hace unas semanas el rostro de decir que las ratios son aceptables. Sí señor, el número de alumnos por aula quizás no sea abusivo, pero es que el número de aulas por colegio es demencial. Y no vale escudarse en la crisis. La falta de espacio en los colegios de Maó viene de muy lejos. Las "modulares" van viniendo para quedarse, y que no digan más que no son tan incómodas. Si es así, que trabajen ellos en una y cedan sus despachos a los niños.