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El detenido por su posible implicación en las agresiones sexuales ha sido declarado culpable en las redes sociales. Ayer, por internet, se difundieron con enorme rapidez fotografías y detalles de la vida privada de esta persona, lo que ha provocado un daño irreparable a su imagen y un gran dolor a su familia. Las víctimas merecen el máximo respeto y el derecho al anonimato por lo que han sufrido por causa de una agresión sexual. El responsable de estos actos merecerá la condena que le impongan los jueces. Habrá que esperar sin embargo a que la Justicia se pronuncie sobre si el detenido es o no culpable. La difusión de las fotografías y de los comentarios que las acompañan, a menudo promovida por menores de edad, representa una condena previa injusta. La opacidad informativa que ha rodeado el caso del agresor sexual se mantiene después de la detención del presunto autor y ese criterio informativo sigue teniendo efectos negativos. Cuando los medios no pueden difundir datos veraces por decisión política se cede el protagonismo a las redes sociales, donde el morbo, el chismorreo, el espíritu vengativo ocultan testimonios auténticos y voces con criterio. Dejar que las redes suplan a los medios y a los periodistas es un error.