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Este editorial podría haberse escrito hace 37 años, casi con las mismas letras. Fue entonces cuando la ONU declaró el objetivo de destinar el 0,7 por ciento del Producto Interior Bruto de las naciones 'ricas' a los países pobres. A pesar de que existe una actitud favorable a la solidaridad internacional y un mayor compromiso social, la distancia que separa los dos mundos económicos no se reduce. Por ese motivo es necesario apoyar sin reservas la reivindicación que se plantea en Menorca por parte de un colectivo de ONG para que la crisis económica no haga que las administraciones públicas reduzcan sus aportaciones para proyectos de solidaridad en los países más pobres del planeta. Nuestra crisis temporal no puede hacernos olvidar a quienes la padecen permanentemente. La cumbre celebrada estos días sobre el rimbombante título de los Objetivos del Milenio, adoptados hace diez años, demuestra que las palabras bellas no dan de comer y crean escépticos. Hace falta convertir las declaraciones en compromisos. En este caso, Obama ha tenido un sueño, que debería convertirse en realidad. La necesidad del compromiso no se refiere solamente a las instituciones públicas, sino que requiere una actitud personal activa.