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Sonreía. Con esta mirada bonachona, sonreía cada vez que tratábamos temas de la Isla del Rey. Algo mayor que yo, de la edad de mi hermano mayor Miguel, su ritmo era diferente al mío. Me calmaba, me ralentizaba, pero nos ayudaba.
Durante mucho tiempo llevamos vidas bien diferentes.

El reencuentro se produjo hace seis años, cuando empezamos a trabajar en la recuperación del Hospital de la Isla del Rey. Él nos dio los primeros planos topográficos, fotografías, todo lo que tenía, sin la menor reserva. No todo el mundo ha hecho lo mismo.

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De allí pasamos a pedirle consejo sobre colores, sobre barnices, sobre formas de puertas y ventanas ya que no quedaba el menor testigo que pudiese servir de modelo. Era arquitecto, pero sobre todo era artista, hombre de gusto, sobrio, muy conocedor del alma de Menorca. Y todo lo plasmaba en su pintura. De allí salió una magnífica acuarela sobre el Hospital Naval Inglés en la que ya jugaba –arriesgaba- con los colores. Nos hizo unas magníficas reproducciones Lina Truyol y sus chicos de Model Gràfic que, además, nos regalaron unos índices de libro, que son nuestra mejor tarjeta de presentación. Dentro de unos días, láminas e índices, viajarán con nosotros a Rabat para presentar nuestra imagen, coincidiendo con la entrega de un premio de la Asamblea Parlamentaria Mediterránea. Allá estará con su acuarela Pedro Luis.

Luego empezamos a hablar de la basina o piscina de agua de mar que soñamos construir junto al muelle de la isla, resguardada de tramontana, abierta a la bocana -aguas limpias- algo al estilo de las piscinas naturales de San Felipe. Él tenía experiencia de una piscina de agua de mar que construyó en S'Algar: "no es tan sencillo", "el material se estropea", "creo que ya es de agua dulce". Y sonreía. Tranquilo, Luis.

Nos ha dejado planos y dibujos que servirán de base a nuestros proyectos.
Nos ayudó repetidamente cuando pedimos su colaboración en forma de donación de alguno de sus cuadros para ventas o subastas.
Nos quedamos con el recuerdo de su bonhomía. Siempre habrá un trozo de su alma en nuestra alma colectiva, voluntaria, desinteresada, amante de Menorca.
Aunque no sé si él era consciente, sonriendo, de que nos estaba marcando un camino, nosotros sí lo estamos. ¡Gracias, Pedro Luis!