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Pasó el invierno, transcurre la primavera y llegará el verano. Pero lamentablemente nuestro puerto continuará igual, tal cual el declive que viene padeciendo desde hace unos años. Pensar que en los cuarenta, cincuenta y sesenta era una delicia anar a baixamar i a s'altra banda. Como lo fue para nuestros mayores en los principios de 1900.

En sus aguas aprendimos a bucear, a remar en pequeñas tèquines, intentando balancearnos al vaivén de las olas formadas por la bata de cola, tal cual fuerte marejada al marchar el buque correo. Los chiquillos gritaban al recibir las fuertes salpicaduras de aquel mar mezcla de verdes y azules, mientras el sol se escondía allá a lo lejos en Poniente. Y yo sense seny creía que iba a dormir en los vergeles de San Juan, o en la fuente de San Simón, que descubrí un lunes de pascua.

Se pescaba, se feia vorera, se cogían escopinyes, corns, decantando los erizos por mor de clavarnos sus temidas púas que más tarde nuestra madre intentaba ir quitando una a una, con la ayuda de un alfiler. De no ser posible, se depositaba encima de la negrura una piel de sobrasada, liándose alrededor una de aquellas artesanas vendas hechas en casa de una tira de ropa blanca rematada con hilo rojo, en uno de los extremos se cosían dos largas vetes, quedando perfecta. ¡Todo era tan diferente, tan casero, aprovechando lo que incluso parecía ya no servía para nada!

La cosa ya no tiene remedio, no me vull fer mala sang. Mejor recrearme con datos, siempre gratos para recordar. Elijo al azar en la carpeta del mecánico de la motora, mi mano, la diestra, no la inocente, saco de uno de sus 'pliegues la pérdida del "Miguel Ortega", que naufragó el martes 23 de agosto de 1926. Calculándose en cuarenta y cinco mil pesetas el valor del cargamento de trigo. Cereal perdido, al igual que el barco perteneciente al armador Juan Arguimbau de Ciudadela. Con la particularidad de que la tripulación pudo salvarse. Cuatro marineros, que al llegar al puerto mahonés lo celebraron, acompañados por cuantos los esperaban para la descarga de la balandra.
El cargamento de trigo que llevaba era para los fabricantes de harina de esta ciudad, don Francisco Bosch y don Juan Pons Pons, que lo tenían asegurado por la Compañía de Navieros Aseguradores, domiciliada en Barcelona.

El siniestro del buque transcurrió de la siguiente manera, según declaraciones de su patrón don José Ferrer Serra, teniendo lugar en la costa sur. Naturales todos ellos de Ibiza.

El "Miguel Ortega" había salido de Alicante el domingo 15. Durante la travesía encontró calma y buen tiempo y a los ocho días se hallaba en la costa de Menorca.

En la madrugada del lunes se desencadenó fuerte viento del Norte y el mar embravecido imprimió dos sacudidas al buque, lo que puso en guardia al patrón; al ver luego que navegaba algo ladeado hacia la parte de estribor, se alarmó toda la tripulación y notaron con la natural sorpresa que se había abierto una vía de agua. Se llenó rápidamente la bodega, acto seguido se hizo funcionar la bomba de achique, mientras tanto se echó el bote al mar y procuraron los tripulantes salvar la ropa, documentos y demás objetos.
Una vez colocados en la barquilla, hicieron rumbo a tierra y fueron a desembarcar en Biniancolla. Presentáronse luego al vigía de Torret para darle cuenta del naufragio.

Tan pronto llegaron a tierra, se hundió con rapidez la barca, quedando en situación difícil de salvar. Solamente se descubría desde tierra parte del mastelero.

Se dio por totalmente perdidos el barco y la mercancía. Como es sabido, el accidente ocurrió en el sitio conocido por ets Esqueixos, en el que hay una profundidad de 16 a 20 metros.

Aquel 1925 se dragó el puerto, repitiéndose en el 35, según escribí en semanas anteriores. El 9 de noviembre del mismo tuvo lugar la subasta anunciada en la "Gaceta de Madrid" para efectuar la voladura de la Isla de las Ratas, que debía desaparecer del puerto mahonés.

La víspera de Navidad llegó el remolcador holandés "Humber" procedente de Argel. Trajo el remolcador "Rienci" y el gánguil número 80. Amarró todo ello en el Andén de Poniente, frente los talleres Parpal, Can Palaa.

En aquellos mismos días se instaló la luz eléctrica frente el desembarcadero de "La Marieta", que era como llamaban a la falúa de la Base Naval.

Dos semanas antes de todo esto, en el vapor "Jaime II" llegó el ingeniero industrial don Agustín Barbon, contractista de obras de la voladura y dragado, acompañado por los ingenieros Francen y Vissern, este último quedó durante los meses que duro el trabajo del dragado.

El pueblo andaba revuelto, unos esperando ser llamados para trabajar en el islote des Morts, como lo llamaban los abuelos del siglo XIX. Otros estaban atribulados ante las noticias que corrían de boca en boca, alarmando que se aproximaban las expropiaciones de la costa norte. Tanto que los propietarios de las casetas se presentaron ante el alcalde, lamentándose de los perjuicios que les causaría la incautación por parte del Estado de todos los terrenos que bordean hasta llegar a La Mola. No tan solo por lo que a las edificaciones atañe, sino que también porque aquellos terrenos sirven de lugar de esparcimiento a numerosas familias, en particular durante los meses de tiempo apetecibles, en que se convierten en pulmón del pueblo, regenerador de salud y vida.

El señor alcalde Pons Sitges, comprendiendo la idea de los visitantes, no pudo decirles más ante las altas razones de estado que aconsejaban la habilitación de la Base Naval, en bien de la patria. Abandonaron el salón de plenos, convencidos de que el alcalde haría cuanto pudiera en bien del pueblo de Mahón.

Entre preocupaciones de unos y otros, iban llegando materiales para la voladura, la potente draga "Provence" y el gánguil número 79, mientras el "Humber" regresaba a Argel. Mandaba el remolcador el capitán don V. D. Hoeven, tan solo faltaba la llegada de otro remolcador junto otro gánguil.

Por aquellas fechas, ni se conocían los clubes de jubilados, ni se dedicaban a caminar por avenidas. El frenesí de los mahoneses siempre estuvo en torno a baixamar. Por aquellos momentos els duia de bòlit s'assumpte de sa draga. Iban observando cómo las barcazas amarradas frente los talleres de Parpal iban y venían cargadas con las herramientas y efectos necesarios para empezar los trabajos. Fuertes temporales se iban uniendo a los mismos, pero la cosa seguía para adelante, padres de familia feien es ronseros por aquellos alrededores por si se les ofrecía trabajo, faena que muchos encontraron y muy bien pagado, con la particularidad de que de no poder ejecutarse por mor de los temporales, igualmente se les pagaba el jornal. Allò era cosa, mucho mejor que el calzado.

De haber sido las fiestas de la Virgen de Gracia, el pueblo pensaría se trataba de fuegos artificiales, mas la cosa no cuadraba, la hoja del calendario marcaba marzo. Mahón despertó entre fuertes estrépitos, ruidos atronadores, se iniciaban los primeros trabajos de la voladura de la Isla de las Ratas. Mesquinetes, si n'hi havia qualcuna, devia fugir com un llamp, que no ho trobau? Los entendidos en ello fueron del parecer de usar barrenos, tal como habían hecho con anterioridad en otros lugares de la costa levantina. Siempre a flor de agua. Luego, se emplearía un pilón mecánico y a medida que se iría rompiendo se sacaría cuanto habría recogido la draga.

Una semana entera se pararon los trabajos debido a una gran avería en el remolcador "Rienzi". Una vez solucionado el problema se reanudaron de nuevo, hallándose a popa la draga "Provenza" en las inmediaciones de la Isla del Rey.

¡Viva el pepino español, i es cobrómbul menorquí!
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margarita.caules @gmail.com