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Nos dicen que la fiesta ha terminado. Vivíamos como nuevos ricos y ahora tenemos que conformarnos simplemente con vivir a secas, que no es poco.

Que gastábamos demasiado y que teníamos pésimos gestores se ha descubierto gracias a unos espabilados banqueros que no solo vendían hipotecas a todos los que pasaban por allí sino que además las empaquetaban y revendían como productos financieros pata negra.

Todo eso ante la mirada complaciente de las agencias de calificación de riesgo, las mismas que ahora no cejan en bajar deudas soberanas, autonomías, bancos.

Grandes rebajas que no sabemos cuando van a terminar.

Los gobiernos de todos los colores cortan y recortan y ante este panorama nadie se atreve a soltar ni un duro de más, si es que tiene la suerte de tenerlo.

Y claro, así las cosas no funcionan. Sin consumo la economía capitalista no se mueve. Los norteamericanos siempre han sabido que el show debe continuar. Hace falta que alguien se atreva a organizar un nuevo guateque. No es necesario que sirvan cava, basta que repartan gaseosa y el mundo siga girando.