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El día seis de mayo los franceses acudirán a la segunda vuelta de la elección presidencial y los pronósticos vaticinan la derrota del presidente saliente, Nicolás Sarkozy, y su sustitución por el contrincante socialista François Hollande. ¿Ha sido tan mala la gestión de Sarkozy para no conseguir un segundo mandato? Quizás estamos testimoniando el reto que se esta aplicando al antiguo modelo europeo y Francia no escapa a los feroces tentáculos que englobaron varios países en su implacable debacle económica. ¿Entonces nos preguntamos si ha sido la crisis económica la que está produciendo el clamor anti Sarkozy o es que simplemente un gran número de ciudadanos franceses le odian?

Hemos visto que en la zona europea todos los presidentes han sido afectados por la grave crisis económica y han tenido que afrontar las urnas presidenciales en las que han padecido la ira ciudadana y una estrepitosa derrota electoral. Así que Sarkozy no será el primero y tampoco se librará François Hollande del descontento popular después de su elección a la jefatura del Estado francés. Lo hemos visto más gráficamente en nuestro país, donde el gobierno del presidente Rajoy no está precisamente pasando una agradable luna de miel.

No es que Sarkozy haya sido tremendamente impopular, pero mirando su trayectoria política, su manera de llevar a cabo su idea de una Francia fuerte y dominante le ha precipitado a una espiral de la que le ha sido imposible escapar. Defendiendo a rajatabla la política de austeridad de la canciller alemana no ha proporcionado el estímulo esperado y, peor todavía, ha atrofiado el crecimiento económico en la eurozona y producido el descontento general en Europa y en Francia en particular, acentuando el clamor popular vociferando "austeridad sí, pero crecimiento también". Para empezar, muchos votantes no se identifican con su personalidad y modales presidenciales y no serán los votantes extremistas y desilusionados de Marie Le Pen quienes le salvarán de su oscuro destino, a pesar de su intención de aglutinar en su seno a dichos simpatizantes. De momento no hay una consigna precisa de la líder extremista del Frente Popular, a no ser el voto en blanco, pero si el voto mayoritario de la extrema derecha fuese para Sarkozy podría resultar ser una espada de doble filo. Perdería el voto de los inmigrantes, de los europeístas y de las posturas extremistas de la extrema derecha de Marie Le Pen quien ha utilizado dichos argumentos con astucia y acierto consiguiendo el apoyo de más de seis millones de votantes en la primera vuelta de la elección presidencial.

La alianza Sarkozy/Merkel no ha sido particularmente aplaudida en Europa en general y en Francia en particular. El control férreo ejercitado por la Unión Europea para reducir los déficits estatales y exigiendo medidas austeras a todos los países de la eurozona no están recibiendo el apoyo popular esperado y la Francia de Sarkozy no ha sido ninguna excepción. La primera confrontación electoral entre Sarkozy y Hollande ha sido particularmente nefasta para el primero y debo concluir en vaticinar que la segunda vuelta deparará una amarga derrota al presidente candidato.