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La dimisión de Carmen Castro como consellera de Salud ha sido una decisión que no ha sorprendido. El año en el que ha estado al frente del departamento han estallado numerosos conflictos y en los últimos tiempos la Conselleria estaba prácticamente intervenida por la Vicepresidencia Económica. Su sustituto, Antoni Mesquida, no lo tendrá tampoco fácil en un escenario en el que tendrá que lidiar con los ajustes económicos - las previsiones del Govern para 2012 son ahorrar 160 millones en sanidad- y el mantenimiento de la calidad asistencial. El nuevo conseller, licenciado en medicina y cirugía, tiene experiencia y fama de buen gestor. En su primera comparecencia realizó una declaración de intenciones al afirmar que "antes que hablar de recortes, hablaré de eficiencia", añadiendo su plena disposición al diálogo, algo en lo que se tendrá que emplear a fondo para restablecer puentes con el sector. De momento, su designación ha sido bien acogida por el Sindicato Médico, que ya ha avanzado que le va a presentar una serie de propuestas para mejorar la organización de los centros hospitalarios con el fin de lograr el ahorro que se le exige. En un ámbito tan sensible como es la salud, es de esperar que la nueva etapa que se abre deje atrás la crispación y que se garantice una buena atención a los ciudadanos.