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El martes se conmemoró el Día Internacional del Migrante. El fenómeno de la inmigración se ve hoy, en momentos de recesión y escasez de trabajo, de una forma crítica y negativa. Tras el argumento del necesario control y regularización de los trabajadores extranjeros se amparan actitudes de rechazo a los inmigrantes y crece el sentimiento xenófobo. El Gobierno ha aplicado medidas polémicas, como la de excluir de la sanidad pública gratuita a los extranjeros sin papeles, lo que ha merecido un auto del Tribunal Constitucional cuestionando la norma, la cual cuenta con un amplio respaldo social. Caritas ha advertido que esta situación coloca a los inmigrantes en una situación de mayor vulnerabilidad, además de representar un límite a los derechos fundamentales. Los centros de estancia controlada transmiten una imagen que estigmatiza al extranjero. Incluso el anteproyecto de reforma del Código Penal deja en manos de la Fiscalía la persecución del delito de ayudar a una persona que se encuentre en situación irregular. El Papa ha insistido este año en la necesidad de que los emigrantes cuenten con los mismos derechos y deberes de ciudadanía y participación. Cuando se vulnera el derecho de una persona, toda la sociedad sale perdiendo.