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Tras dejar atrás un año que pasará a la historia como uno de los peores de la historia moderna de España a causa de la crisis, parece como si desde el Gobierno se hubiera diseñado una estrategia para insuflar algunos aires de optimismo para 2013. Nos dicen que, vale la cosa está mal pero que empezaremos a ver algo de luz. Esta misma semana, el ministro de Economía soltó una frase que a mí me sonó a "La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte" (hermanos Marx dixit). De Guindos declaró que: "El primer trimestre y el segundo trimestre, aun siendo negativos, van a ser menos negativos que el cuarto trimestre del año pasado y esperamos que ya el tercer trimestre de este año tengamos tasas de crecimiento positivas". Un poco liado pero esperemos que así sea.

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Sin embargo, a partir de la Nochevieja nada más sonar la última campanada en la Puerta del Sol empecé a sentir una cierta inquietud. Repetí el ritual de tomarme las doce uvas siguiendo la emisión de TVE. Ver a Imanol Arias (¿quién le peinó?) me trasladó a los primeros años de "Cuéntame", cuando los protagonistas vivían en la casposidad en la que estaba sumido el país. Ya el día uno, en el concierto de Año Nuevo entre las melodías de los Strauss irrumpe Wagner y a mí se me aparece una imagen de Merkel con unas tijeras en la mano. Me calmo y como tranquilo. Pero, ay!, haciendo zapping veo que Televisión Española lleva tirando de "lata" desde hace horas. En la pantalla van desfilando Tip y Coll, Gila, Martes y Trece, Toni Leblanc, Santiago Segura, Carlos Latre... (mezclando color y blanco y negro). Con todo mi respeto para los cómicos citados me pregunté ¿qué pasa? Hubo partes de esta antología que me devolvieron de nuevo a "Cuéntame". Qué mensaje oculto había en todo ello. Lo reconozco, acabé con un poco de miedo.