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Es lo que normalmente suelen decir los hijos. Pero es que hay hijos que valoran a sus padres más allá del amor filial. Son esos hijos que de vez en cuando aparecen estacionalmente, como las setas y que después de un montón de años se deciden a decir que fulanito o menganito era su padre y van y se lanzan a pedir la exhumación de sus restos. Tenemos varios testimonios de ello, pero quizás dos de los más sonados sean los de la familia Koplowitz y, el más reciente, el de Ana Mª Gallart, una jubilada de 65 que afirma que es hija de Juan March, y además, que su marido es actor, con poca fama pero que a partir de ahora la va a tener.

Claro, cómo no. Desde que se puso de moda eso de la memoria histórica y el consiguiente levantamiento de restos mortales, la afición ha ido en aumento, pasando de un mero hecho político a un lucrativo negocio y como el ADN es como el chivato de los lazos que unen y separan vínculos, todos acuden a él como quien rellena una "primitiva", deseosos de acertar todos los números. Y es que eso que siempre se ha dicho de que madre solo hay una y padres vaya usted a saber, ahora que casi no quedan vestiduras para ser rasgadas y que el honor y la virginidad son cosas que, como los costipados, se curan con el paso del tiempo, parece ser que siempre es mejor y más rentable pájaro en mano que cien volando, sean esbeltos ruiseñores o negruzcos córvidos, qué más da, ya cambiarán algún día las plumas y aquí no ha pasado nada.