TW
0

Esta semana finalizará el tortuoso proceso de reconversión de las casas de Torralbenc Vell en un agroturismo. La previsión municipal es conceder la licencia prácticamente al mismo tiempo que los primeros clientes del hotel estrenen sus habitaciones. Una práctica, la de ir ejecutando obras y a la par obteniendo permisos, no justificable pero habitual, dada la carrera de obstáculos que deben pasar algunos proyectos para ver la luz. El de Torralbenc comenzó con el pie izquierdo, envuelto en la polémica con el arquitecto Jesús Manzanares, quien diseñó unas bodegas y un hotel de lujo que se frustraron por desavenencias con sus socios y por lo que él mismo describió como la nula colaboración del Consell.

A partir de ahí el proyecto se redefine y empieza de nuevo, esta vez con el interés público de impulsar esta inversión, que sin embargo, y tras la frase "apoyamos la iniciativa pero...", no ha dejado de hallar trabas en su tramitación. Con todo, no ha sido éste uno de los culebrones más largos protagonizados, a su pesar, por alguien que tiene una idea, una visión de negocio, y quiere ponerla en práctica. Han pasado poco más de seis años desde que se compró la finca, en diciembre de 2006, una minucia, si se tiene en cuenta que hace una década que se anunció que subiríamos en ascensor desde el puerto de Maó hasta el Paseo Marítimo. Está claro que el tiempo transcurre de una manera subjetiva, y que la espera desespera, sobre todo a quienes apuestan su dinero en ella. Lo extraño, y deberíamos felicitarnos por ello, es que perseveren.