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Los defensores de la unidad de la lengua catalana, esos aguerridos centralistas jacobinos de la "terra nostra", acostumbran a utilizar como argumento, que suponen y pretenden letal y definitivo, que el catalán estándar "es" una "ciencia". Sí, apelar a esa supuesta "ciencia" es su argumento favorito para intentar destrozar los argumentos de quienes defendemos la validez y vigencia de nuestros dialectos históricos diferenciados que nos definen como forma cultural particular.

Son los que parecen querer igualar la ciencia pura demostrativa de la matemática, la física o la química a una supuesta ciencia social de la lengua. Pero ¿tiene la lengua ciencia? ¿Cómo se demuestra que lo es? Dice Font Rosselló "en el campo de las llamadas ciencias sociales (como el Derecho, la Historia, la Política, la Economía o la propia Filosofía) las cosas no son blancas o negras como en las ciencias puras (Matemáticas, Física o Química). Desde que las "ciencias sociales" ocuparon el lugar de las Humanidades, la pretensión de los "científicos" sociales ha sido subirse al carro de la ciencia – sinónimo de verdad absoluta– para lograr mayor respetabilidad ante la opinión pública y, de paso, apoyarse en ella para silenciar a sus detractores".

Cuando en 1913 (hace solo cien años) una serie de circunstancias sociales e históricas guiaron a la invención (porque antes no existía) de una normativa determinada se tomó una simple decisión. Cuando se acordó imponer como norma general el catalán barceloní, una de las formas derivadas de la lengua provenzal expandida por las orillas del Mediterráneo Norte español, en el fondo se tomó una decisión política.

Pregunta: ¿Cuáles son los argumentos "científicos" que respaldan el catalán estándar? Respuesta: La simple voluntad de unos señores reunidos alrededor de una mesa en la Barcelona de 1913 que decidieron por su cuenta y riesgo, y contra la opinión de otros muchos, entre los cuales el mallorquín Mossèn Alcover, que debía ser su forma local y no otra la que se impusiera a todas las demás. Y así, literalmente, se inventaron una gramática para imponer la forma lingüística de la ciudad donde vivían.Seguimos con Font Roselló: "Por tanto, ¿de qué ciencia estamos hablando cuando las decisiones del Institut d'Estudis Catalans se tomaban por mayoría? Tal vez haya motivos pragmáticos para defender el estándar pero ninguno de ellos tienen que ver con una supuesta ciencia filológica". Por tanto estamos legitimados para preguntarnos si aquella decisión de 1913, aunque revestida de supuesta conveniencia para muchos, no fue un gesto de un incipiente imperialismo cultural que pisotea nuestras características propias. Un gesto de centralismo político.

Y eso, claro, ha venido politizando desde entonces el tema lingüístico en las costas de nuestro Mediterráneo. Muchos baleares no aceptan que se denigren esas nuestras formas propias y se nos imponga una ortopedia estándar que sentimos ajena. ¿Por qué demonios hay que escribir y pronunciar exactamente igual que en Cataluña cuando aquí tenemos nuestras propias formas? La "ciencia balear" en materia lingüística es mucho más antigua y tiene mucho más respaldo histórico que la de la camarilla centralizadora de Pompeu Fabra. La unidad del catalán no es una ciencia sino una simple conveniencia política.

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Nota: Creo que "Crítica es libertad" se va a tomar unas vacaciones hasta septiembre. Otros deberes me reclaman. Estas próximas semanas, y con la venia, propondré publicar unos escritos breves de temática más generalista bajo el título de ¿Arde París? Gracias por leerme. Bon estiu.