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La súbita muerte en Barcelona de Toni Catany (Llucmajor, 1942) interrumpe la creación del Centre Internacional de Fotografia que este artista mallorquín de la imagen capturada quería crear en su población natal. Primero fue nombrado caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, y después Premi Nacional d'Arts Plàstiques de Catalunya, Premio Nacional de Fotografía de España y Premi Ramon Llull del Govern. Pero Toni Catany no era hombre de premios y galardones, sino un experimentador de antiguas técnicas fotografías, como los calotipos y daguerrotipos, que recuperó. Demostró su capacidad de adaptación al cambio y versatilidad cuando comprendió las enormes posibilidades que abría la fotografía digital. Cada fotografía de Catany aprehendía el ritmo del tiempo, el sentido del paisaje y la sensibilidad poética, siempre inspirada en los clásicos.

Viajero que siempre descubría nuevas culturas, ciudades y rincones, nos dejó en La meva Mediterrània (1991) una visión amplia, interpretativa y profunda de toda esta región del mundo que era su país. En 1975 vino a Menorca con la escritora Maria Antònia Oliver, también mallorquina. Ambos, a cuatro manos, texto e imagen, crearon un libro bellísimo, Les Illes, que hoy nos evoca una Isla con formas, costumbres y paisajes que han desaparecido. Aquella obra, redactada por Oliver entre las Cròniques de la molt anomenada ciutat de Montcarrà (1972) y El vaixell d'Iràs i no Tornaràs (1976) palpita gracias a las imágenes de Toni Catany, a caballo entre el fotoperiodismo y la fugacidad del paso del tiempo; y la bella redacción, sutil e irónica, de Oliver. Toni Catany vino otras veces a Menorca, una Isla que recorrió sin prisas. Entre las miles de fotografías que forman su legado hallaremos visiones inédita de una Isla que él supo entender.