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Me siento delante del ordenador. Voy a preparar el artículo de esta quincena y no se me ocurre que tema tratar. En eso que he recibido un e-mail que me ha hecho pensar y preguntarme, ya que tengo nietos en distintas edades y etapas: si los niños vivían más felices y más seguros en los años 60/70 del siglo pasado, y he recordado lo que, a continuación, me comentan en el e-mail.

«Los coches no tenían cinturones de seguridad, apoyacabezas ni bolsas de air-bag! Los niños iban sueltos en el asiento trasero haciendo una verdadera fiesta ¡Y eso no era peligroso!
No había pestillos de seguridad en las puertas de los coches , ni llaves en los armarios donde se guardaban los medicamentos, detergentes o insecticidas domésticos.
Las camas tenían escaleras y los juguetes eran multicolores con piezas que se salían o pintados con unas tintas dudosas que nunca resultaban tóxicas.

Iban en bicicleta para allá y para acá, sin casco ni guantes y si las dejaban en la calle… Cuando volvían las encontraban en el mismo lugar…
Los caramelos, chupa-chups y cacahuetes eran habituales, se comía a voluntad, pan con nata de la leche (tel en menorquín) o con aceite y azúcar, y no se hablaba de obesidad.
Se jugaba siempre en la calle o en los patios con una sola condición: volver a casa antes del anochecer. Y eran súper activos.
No había teléfonos móviles … ¡Y los padres no sabían dónde estaban sus chicos!
¡Era increíble!

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Iban a clase mañana y tarde, pero igual iban a comer al mediodía a casa con los padres.
¡Allá afuera! ¡En ese mundo inseguro! ¿Cómo era posible? Jugaban a fútbol en la calle, con una portería de dos piedras… Nadie quedaba frustrado y no era el ¡fin del mundo!
Las fiestas eran animadas con tocadiscos deslizando sus púas sobre los discos de vinilo, había luz negra y una refrescante agua con sidral.
Nada de Playstations, Nintendo 64, juegos de vídeo, internet por satélite, vídeo cassetes y DVD, dolby surround, móvil con cámara, MP3, ordenador, chats en internet. Solo amigos, era lo que importaba.
En la escuela había buenos y malos estudiantes. Unos pasaban y otros eran repetidores. Nadie iba por eso a un psicólogo o un psicoterapeuta. No había la moda de los superdotados, ni se hablaba de dislexia, problemas de concentración, hiperactividad. Quien no pasaba, simplemente repetía de curso y probaban de nuevo ¡el año siguiente!

Tenían libertad, fracasos, éxitos y deberes … y aprendieron a lidiar con cada uno de ellos
La pregunta es: ¿cómo la gente consiguió sobrevivir? Y no solo eso, ¿cómo consiguieron desarrollar su personalidad?
Sin duda van a decir ¡qué aburrido!, pero… ¡qué felices que eran!»

El tema da mucho de sí y, evidentemente no se puede parar el progreso. Tampoco nos sirve recriminar y sentirse melancólicos. Sin embargo, sí añoramos aquellos tiempos y vemos que se han perdido unos valores buenos para los niños, los abuelos de hoy podemos preguntarnos cómo podemos reintegrarlos en nuestra vida diaria y si podemos hacer algo al respecto.

Creo que volver a simplificar algunas de las diversiones nuestras y de nuestros nietos para que podamos pasarlo bien juntos puede ser una de las tareas de los abuelos, de acuerdo con nuestros hijos y nuestros nietos. Pequeñas cosas, pero que pueden ser importantes para solucionar varios de los problemas de la convivencia familiar y social de hoy. ¿Que tal una partida del juego de la Oca?. De oca a oca, y tiro porque me toca…