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Los armadores de los espectaculares barcos de gran eslora que habían disputado las dos ediciones de la Menorca Maxi le han dado la espalda a la Isla cuando la regata avanzaba hacia su consolidación. Este año ya se ausentaron los de la clase 'J-Class' y en 2016 ni éstos ni los 'wally' ni los 'mini', ni los 'maxi'... ninguno atracará en el puerto de Maó. La versión oficial se escuda en el calendario internacional cuando lo lógico sería suponer que si iba camino de su consolidación era porque la Menorca Maxi ya estaba contemplada en ese calendario.

Otras versiones apuntan a la paupérrima oferta complementaria que ofrece Menorca a los ociosos y, supuestamente, acaudalados tripulantes de estos barcos de gran eslora que también persiguen diversión en tierra. Quizás esta razón tenga más sentido que las anteriores por más que todos nos hayan regalado los oídos por la belleza paisajística y bla, bla, bla. A la hora de la verdad, el paisaje protegido no ha sido suficiente para que la regata continúe.

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En todo caso, la suspensión del exclusivo evento nos ha permitido conocer que el gobierno del PP destinó 180.000 euros a la regata este año, y algo menos a la de 2014. El PP omitió las cifras cuando fue preguntado por ellas y han sido reveladas ahora con cuestionable retraso.

Aseguran que la Menorca maxi generó 1,4 millones de negocio directo en una exhibición más de la cierta ligereza con la que se manejan las cifras según intereses, aunque nadie pueda dudar del impacto publicitario derivado de las noticias aparecidas en la prensa especializada. Que ésta traiga más o menos turismo de calidad a la Isla, a partir de la regata, está por ver.

La mayor contribución al menorquín de a pie, ese que no tiene negocios con los que incrementar su cuenta de beneficios a costa de una regata que todos financiamos en parte, han sido las instantáneas aéreas del puerto de Maó al paso de los barcos, ciertamente preciosas. Algo es algo.