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Como no tenemos ya suficiente con la incertidumbre habitual sobre nuestras conexiones aéreas ahora, que empezábamos a respirar porque llega la temporada y aumentan rutas y frecuencias, hemos de ir al aeropuerto cruzando los dedos para que la maldita palabra, cancelado, no aparezca en el panel informativo junto a nuestro número de vuelo. Junio ha empezado muy mal. Ya el pasado jueves, todavía mayo, Vueling canceló un vuelo desde Barcelona a Menorca por la tarde, sin explicaciones. Dirigirse al aeropuerto y ver en el móvil cómo directamente en la aplicación de la compañía ya te colocan en el vuelo de la mañana, acudir a ventanilla y que ni se molesten en argumentar algo (averías, mal tiempo, adversidades varias) es el nuevo modus operandi. Aunque la aerolínea se ciña a lo sucedido ayer, lo cierto es que ha acumulado numerosos retrasos en estas semanas. Air Nostrum en la ruta a Palma también ha protagonizado hasta siete cancelaciones en los últimos días. Los supuestos 'problemas de operativa' son algo demasiado abstracto para el usuario, al que se le hurta un día, aunque sea unas horas, de cualquiera que fuera el plan que tuviera en su destino, incluidas conexiones para seguir su viaje si sale de la Isla. Eso no es reemplazable por un taxi, un bocadillo, un hotel, ni siquiera por la indemnización, aunque desde luego están obligados a ello.

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El Consell anuncia que ha solicitado una reunión con la dirección de Vueling y no puede ser de otra manera, no es de recibo que jueguen a la ruleta de las cancelaciones con tu billete, después del esfuerzo de planificación y económico que supone. Para el turista desde luego tampoco puede haber peor inicio o final de las vacaciones que el estar tirado en el aeropuerto. No puede ser que siempre estemos tan desamparados ante las compañías aéreas.