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La cuenta atrás provoca tensión. Acercarse al futuro suele excitar la curiosidad, la intriga y los nervios. ¿Se acuerdan del efecto 2000? Hace 18 años que lo dejamos atrás, pero nos mantuvo en vilo durante meses con toda clase de apocalípticas premoniciones. Y siempre aparecen nuevas amenazas o metas en el horizonte. ¿Qué pasa si el cohete no despega cuando está previsto? ¿Cuál será el resultado de las próximas elecciones? ¿Qué pasará tras el 29 de marzo de 2019, cuando el brexit sea un hecho irreversible, haya o no acuerdo entre el Reino Unido y la Unión Europea?

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Una cuenta atrás pone en evidencia que el tiempo es limitado, que se agota, que el desenlace inevitable se acerca. Brexit duro o blando, salida desordenada y limitación de la libre circulación de personas y mercancías... se acaban las vacaciones y llegará el otoño a sacar los abrigos del armario. Otra liga, otro curso. La vida se alarga y acorta al mismo tiempo. ¿Cuánto falta para el próximo atentado terrorista? La policía lucha contra reloj para evitarlo. No siempre somos conscientes de las cuentas atrás que nos atañen. Cuando uno se plantea objetivos irreales, utópicos, el momento no llega nunca y nos hartamos de contar. Podemos engañarnos a nosotros mismos y empezar de nuevo cada descuento. La semana que viene me apunto sin falta al gimnasio...

Si nos fijamos cualquier meta en el calendario - fecha y hora - se pone en marcha el cronómetro. Ya falta menos.